jueves, 2 de diciembre de 2010

Una noche hostil y seductora


Durante los ’90, El Chacal fue la rockería en la que todo podía pasar, según recuerda Leandro Zavatti, el DJ del lugar. Del salvajismo de un público decidido a destrozar un local a los platos de fideos que reunían a los músicos antes de tocar.

Por Ana Clara Bormida y Carolina Sánchez Iturbe

“Lo mejor que tenía El Chacal era, al mismo tiempo, lo peor: nunca sabías qué iba a pasar”, asegura Leandro Zavatti, quien solía ser el disc jockey del bar ubicado en 8 y 42. Junto con El Cafetal y El Tinto Bar, ésta fue una de las rockerías estrella de los años ’90, donde músicos y rockeros asiduos se encontraban para, al ritmo de una banda, desconectarse del mundo.
Promediando la década de la explosión del grunge, el local abrió sus puertas conservando la estructura de lo que hasta entonces había sido una parrilla. Aunque esa fisonomía duró sólo un año, aún hoy hay muchos que recuerdan al escenario enjaulado que lo caracterizaba, dándole el estilo de “los bares texanos, que tienen un alambrado para que no les tiren botellas a los artistas”, agrega Zavatti. Luego, el lugar se convirtió en algo parecido a una cueva, donde la luz solar era la única que tenía la entrada vedada: “El Chacal tenía eso de pasar la puerta y que vos estabas o en el boliche o en La Plata. Te desconectabas. Era muy oscuro, las paredes estaban pintadas de un gris bien pesado; parecía que estabas en un sótano raro”.
Leandro era un privilegiado en el bar. Él era quien podía observar, “como desde una platea”, cada uno de los movimientos que sucedían ahí. “Al alambrado lo utilizaron para la cabina del DJ, quedaba bueno. Había una escalera de caños y arriba estaba yo con todas mis cosas. Era como un panóptico desde el que veías todo”, recuerda el actual conductor de El Planeador, el programa que se emite los sábados al mediodía por Radio Universidad, para luego describir cómo el lugar logró subsistir durante años sin personal de seguridad, que recién tuvo que ser contratado después de que el público de Attaque 77 destrozara el local.
Otro de los privilegios que gozaba Zavatti era la posibilidad de ver a los artistas debajo del escenario. Así, es dueño de numerosas anécdotas con Palo Pandolfo, Pappo, Richard Coleman y Willy Crook. Pero de todas, una de las historias que más recuerda es aquella que mostraba a Ciro Pertusi comiendo los fideos con manteca que había preparado Marcos, el dueño del bar, mientras del otro lado de la pared, sus seguidores sazonaban con pastillas el tetrabrik que tomaban. Luego, mientras que los músicos tocaban, “había tipos colgados del techo pegándole piñas al sistema de ventilación, arrancando las piletas de los baños. Fue terrible”.
El Chacal funcionaba única y exclusivamente como rockería, no era un lugar para ir a tomar algo, sino que ahí, de jueves a domingo, siempre tocaba una banda. Así, por el bar pasaron Bersuit Vergarabat, Los Visitantes, 7 Delfines, Dee Dee Ramone cuando hacía rock n’ roll de los ‘50, Las Pelotas, La Mississippi, Smith & Wesson, Las Pirañas Lunáticas, La Saga de Sayweke, Embajada Boliviana, Siempre Lucrecia y Las Rocas, entre muchas otras. Como buen reducto rockero, ahí tampoco se bailaba, excepto cuando, por alguna razón, el público se animaba y Leandro terminaba viendo al “tipo más dark de la ciudad bailando temas de Beach Boys”.
“El Chacal fue un lugar del que, todos los que fueron, no se olvidan. No sé si la pasaban tan, tan bien, pero no se van a olvidar. Y vaya a saber qué carajo de seducción tenía que no te ibas, te quedabas toda la noche”, asegura Leandro para después jurar que todas “las rockerías tienen esas cosas: son hostiles y seductoras”, como lo era El Chacal, donde era posible esconderse de una razzia, ver el mejor recital de una banda, sentirse amenazado cuando alguien pedía con insistencia que sonara Led Zeppelin, o tomar una cerveza con un músico. “Como no sabías qué podía pasar, podías vivir una noche inolvidable”.

(siempre es mejor la versión en papel)

2 comentarios:

José Luis dijo...

uff mama! yo toque ahi en el 97, tenia un banda que se llamaba penelope glamour... me acuerdo que tocamos con massacre.. el manager era un sorete..

te quiero, escribis re lindo, te lo dije no?

Caro Sánchez Iturbe dijo...

qué loco eso, hijo!!!! Dicen que el lugar estaba re bueno, no?

yo también te quiero!

(y muchas gracias, me hiciste sonrojar!)

Y sí seguís explorando? (si total, no nos vamos a dormir...)

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