domingo 22 de enero de 2012

Súper-Arte



Desde hace 20 años, un abogado y una plástica comprenden su contexto social en código artístico. Preocupados por problemáticas ambientales, ponen la creatividad a los pies de un solo -y gran- objetivo: impedir que la sociedad y el ecosistema que la rodea se vayan por un tubo.

Por Carolina Sánchez Iturbe
Foto de The Dark Flack (www.thedarkflack.com)

“Quiero brotar en la espiga
de la conciencia
del hombre nuevo que lucha
por su mañana
y proclamar su tiempo azul de pie
dando la cara”.
“A que florezca mi pueblo”, Mercedes Sosa

A metros del Río de la Plata, entre calles arboladas y paisajes en los que lo verde predomina, Alejandro Meitin y Silvina Babich piensan en nuevas acciones. Entregados a la actividad que el proyecto artístico y ambiental Ala Plástica les demanda, idean qué caminos tomar para reactivar economías locales, recuperar espacios públicos, sanear forestaciones, diseñar políticas territoriales que respeten a la cultura de los pobladores de cada lugar, construir conocimiento y establecer medidas para que el mundo no se vaya por un tubo. Lejos de ser un grupo de intervencionistas que piensan en el arte como un modificador de momentos, los fundadores de Ala Plástica eligen moverse emulando a las plantas que intentan salvar: sin carreras contra el tiempo y dejando que cada acción de lucha se fortalezca con el crecimiento a su propio ritmo, estableciendo raíces firmes que conduzcan a desarrollos sustentables y cambios estructurales.
Todo comenzó hace dos décadas cuando el matrimonio de Meitin y Babich decidió sedimentarse y buscar nuevas formas de expresión que posibilitaran redes de comunicación e interacción. “Siempre quisimos trabajar sobre el arte y el ambiente. Queríamos ver de qué manera podíamos incidir en una renovación de la idea de arte y utilizar sus diferentes formas de trabajo, pensamiento y acción para poder incidir en procesos de la vida cotidiana”, dice Alejandro sobre aquellos primeros días en los que Ala Plástica se propuso establecer una nueva forma artística, hasta entonces desconocida en el ámbito nacional.
Luego de esa iniciática determinación familiar, se consolidó la conformación del grupo, que se alimentó de la diversidad de sus miembros y de las distintas disciplinas de las que cada uno de ellos provenía. De esa manera, la formación en leyes de Meitin y en artes plásticas de Babich se entrecruzó con conocimientos sobre biología, geología, zoología y botánica, dándole a Ala Plástica un carácter integral que posibilitó la llegada de la primera crítica y acción del equipo de trabajo. “Como queríamos salir del corral del establishment artístico del museo y galería, recuperamos un espacio público abandonado desde donde empezamos a generar una serie de diálogos con distintas personas de la ciudad, que venía muy golpeada por la dictadura y por un gobierno democrático que no terminaba de afianzarse”, rememora Alejandro.
El espacio recuperado fue una biblioteca del zoológico de La Plata. Así llegaron los primeros ejercicios y, con ellos, el establecimiento de un modo de hacer en el grupo. “Lo que hacíamos era absolutamente exploratorio porque no conocíamos una metodología para llevar a cabo un arte en contexto social. Con nuestra sensibilidad respondíamos a una situación crítica que exigía herramientas no habituales. Estábamos insertos en un desastre. Después, con los años fuimos puliendo esa modalidad”, explica Babich.
Mucho tiempo después, ese trabajo rindió sus frutos: luego de 10 años de actividad pudieron deconstruir la idea de zoológico a partir de la demolición de 22 jaulas y el cambio de las autoridades del lugar. Es que los miembros de Ala Plástica deciden transformarse en miembros activos de los ámbitos en los que producen sus acciones: “Siempre nos identificamos como emergentes del lugar. Nuestro trabajo surge desde la propia comunidad, en conjunto con ella misma. No vamos a salvarla. La nuestra no es una intención de ayuda o asistencia, sino que nosotros mismos nos vemos inmersos en la problemática, nosotros mismos queremos zafar, ir para adelante y transformar esta realidad”, añade la artista plástica.
Por ese vínculo con el entorno, ella y su compañero se toman el tiempo que sea necesario para realizar acciones que conduzcan a modificaciones reales, sosteniendo sus prácticas sobre dos principios ineludibles: el compromiso y la responsabilidad. “Trabajamos en contextos en los que construimos junto a otros, entonces velamos mucho para que haya una respuesta coherente y muy bien informada ante cada problemática. Cada ejercicio está muy bien fundamentado y tiene mucho tiempo de estudio previo. Estudiamos desde lo geográfico, desde lo sociológico, lo filosófico y a todo eso lo reunimos en una actividad que no deja en ningún momento de lado la sensibilidad y la aproximación heurística porque consideramos que cada parte de este proceso que llevamos adelante es posible de apreciar a partir de los efectos de significado”, puntualiza Alejandro.
Algunas de las zonas de acción más fuertes de Ala Plástica son el Estuario del Río de la Plata, el Delta del Paraná y distintos lugares de la cuenca del Río de la Plata. La elección del espacio es simple: ése el área en el que Babich y Meitin pasan sus días y, a la vez, un ámbito que necesita cambios. “En los ’90 mucha gente de acá había quedado sin empleo y vimos que el mimbre era un recurso a mano. Entonces, empezamos a trabajar en la diversificación del uso de ese material para generar nuevos ingresos para las comunidades a partir del tejido. Silvina se transformó en capacitadora y yo en experto en temas de cultivo; empezamos a diseñar estrategias de sobrevivencia, integración y resistencia desde el trabajo. No era un mero reclamo o escrache”, sostiene el abogado.
Más allá de que la problemática provocada por el reinado del Neoliberalismo ya no esté tan presente en la cuenca del Río de la Plata, aún quedan cuestiones por resolver en el lugar: “Ahora, el Delta está perfilado para ser un área de cría de ganado a gran escala, de desforestación a gran escala y de mega emprendimientos para barrios privados, también a gran escala, sacando, para eso, a la gente que vive ahí con su diversidad, con su cultura, con su historia, con su manera de hacer”, explica Alejandro como punta de introducción. A partir de entonces, la razón de ser de Ala Plástica queda puesta sobre la mesa: “Lo que estamos planteando es una cuestión de conservación a partir de las preguntas ¿quién diseña el territorio? y ¿para quién se está haciendo ese diseño? Ahí, empieza a gestarse una resistencia. Siempre nuestro trabajo termina con una acción de resistencia, con una cosa a transformar”, completa.
Tras dos décadas de trabajo, y aunque no sea popular, la actividad de los grupos de trabajo como Ala Plástica ya no resulta tan desconocida y cada vez son más los grupos que se entregan al arte en contexto social. Sin embargo, según Alejandro y Silvina, todavía queda camino por recorrer para que el sentido de la actividad sea comprendido integralmente. “Hay muchos que ven el vaso medio lleno, como el diario La Nación, que creen que éstas son prácticas en las que se hace el bien sin mirar a quién y no, tampoco es eso. No somos un par de pelotudos que andan por la vida regalando alegría. Hacemos prácticas de resistencia, prácticas críticas, donde se postulan muchas veces cosas que son jodidas, donde tenemos que poner el cuerpo porque más de una vez nos han querido cagar a palos”, sostiene convencido Meitin.
Según su visión, que es la del colectivo que creó e integra, lo que hace falta modificar de una vez por todas es el concepto más primario de arte, aquel que está muy marcado por el “el arte utilitario y la concepción del arte de la representación de reyes y monarcas”, para dar paso a un “concepto ampliado de arte” que sepa de compromisos y de objetivos superiores y que no demande de los artistas sólo su expertiz, sino, y sobre todo, sus vidas: “A medida que nos fuimos involucrando en el arte en contexto social, se nos empezó a ir la vida en esta forma de hacer porque vimos que hay motivaciones que están más allá de nosotros mismos y porque nuestros sentidos y valores empezaron a mutar. El arte, así, empezó a formar parte de nuestra vida cotidiana y pasó a ser nuestro día a día. Ahora nos movemos en código ‘alaplastiquiano’”.

Web: http://www.alaplastica.org.ar/

NaN – Año 1, Nº 5, Noviembre-Diciembre 2011
(siempre es mejor la versión en papel)

miércoles 21 de diciembre de 2011

el jueves de La Plata Calling...

Este jueves 22 de diciembre, pegamos uno de los últimos estirones del año. Con la ayuda de ocho bandas y un DJ homenajearemos a Mr. Joe Stummer en su día. Estamos felices, muy felices.



La Plata Calling
Primer Tributo Oficial a The Clash en Argentina

en vivo!
Argonauticks
Mostruo!
Pérez
La Secta
La selva de Miguel
El Milano
Orquesta de perros
El Manijazo
ameniza: DJ Paul Henta

+ hagamos un documental entre todos!
llevá tu celular, cámara o lo que sea y su cable USB. Filmá tu momento, a las bandas, lo que quieras y dejános tus imágenes para que sean parte del documental que ideamos con Santi Asef y Viracocha Films!

jueves 22 de diciembre – 14 horas
Andén CC Estación Provincial – 17 y 71
GRATIS!

La Plata Calling será el primer tributo a The Clash que se realizará en Argentina con la oficialización de la Fundación Strummerville, la organización que tras el fallecimiento de Joe Strummer, fue creada por amigos y familiares con el fin de ofrecer apoyo, recursos y promoción para nuevos talentos musicales.
Así, La Plata Calling se llevará a cabo el jueves 22 de diciembre, fecha en la que se celebran en el mundo numerosos homenajes a Joe Strummer por cumplirse nueve años de su muerte. Durante la jornada, que será amenizada por el DJ Paul Henta, Argonauticks, Mostruo!, Pérez, La Secta, La selva de Miguel, El Milano, Orquesta de perros y El Manijazo versionarán canciones de The Clash a la par que tocarán temas propios.
La Plata Calling, además, abrió convocatoria! Si querés ser parte del documental de La Plata Calling, el 22 llevá tu celular, cámara de fotos o lo que sea y su cable USB. Filmá tu momento, a las bandas, lo que quieras y dejános tus imágenes para que sean parte de este documental colectivo que ideamos con Santi Asef y Viracocha Films!

www.laplatacalling.com.ar
www.facebook.com/laplatacalling

lunes 5 de diciembre de 2011

El Nene y los dioses personales



Aunque parezca que ya lo hizo todo, Martín Schneider asegura no estar dispuesto a parar. Luego de devorarse madrugadas, de gritar en el escenario de La Patrulla Espacial, de haber tenido más de un proyecto musical con Shaman, de desnudarse en público y de tener ataques incendiarios, jura que todavía hay batallas por librar. Ahora, el objetivo es juntar más experiencia para así llegar a ser igual a un cóndor capaz de admirar a cualquier niño de pueblo.

Por Caro Sánchez Iturbe
Fotos: The Dark Flack (www.thedarkflack.com)

Martín Schneider, El Nene, es uno de esos personajes extraños que tranquilamente podrían cohabitar en algún cuento sucio y suburbano a la par que en una leyenda silvestre y pueblerina. Mezcla justa entre vampiro de noches interminables y meditabundo envuelto en arboledas absorbentes. Uno de esos hombres que es capaz de contar qué sucedió aquella vez que incendió una capilla y cómo era la geografía de su pueblo natal sin necesidad de, para ello, modificar el semblante.
La vida del Nene estuvo atravesada por la iglesia. Sí, por la iglesia. Hijo de pastores evangelistas, creció literalmente dentro de un templo. Tanto así que su primer paso por la música fue en una banda que tocaba heavy metal mientras cantaba letras cristianas, cosa que, para la época y para un público “bastante conservador”, era lo suficientemente revolucionaria. Es que en aquel momento, el descubrimiento de Logos, la agrupación metalera creyente, se presentaba como el mejor camino de escape. “La escuchaba con efervescencia”, dice para luego entonar “ven a la eternidad, si puedes creer” y escupir un “fuck you” sin escalas. Es que, claro, eventualmente el Nene se reveló.
“Salí de la iglesia. Me di cuenta de que dios es la bondad de cada uno, uno no tiene porqué ser malo. Y ahí empezó otro mambo con las bandas. Lo único que mantuve fue el amor por la música clásica. En casa, se escuchaba música clásica y cristiana, pero cristiana facha. Así, los dos varones de la familia salimos un desastre. Y yo peor… tengo toda la cara marcada de cicatrices”, asegura entre risas dejando que sus dos dientes de lata se exhiban como trofeo, todo para después contar como “el vozarrón, los experimentos de sillas tocando contra algo y las letras espirituales” de Tom Waits lo cautivaron, abriendo un nuevo panorama en el que aparecerían más músicos capaces de producir transformaciones en su vida. “Aphex Twin me cambió. Yo era híper anti electrónica y cuando lo escuché me di cuenta de que ahí había una cosa increíble. Y después, el que terminó de volarme fue Fela Kuti. Él era un Bob Marley mezclado con un Che Guevara. Su historia me chingó la cabeza. Me faltaba un huevón más del mundo musical. Siempre hay uno más”, asegura y recomienda: “Acuérdense bien de él”.
A partir de la rebeldía, llegaron los días en los que Martín comenzó a deambular entre colegios secundarios y a establecer nuevos vínculos. De ese modo, en la escuela de arte de Comodoro Rivadavia se encontró con Shaman Herrera y con otros tantos personajes que hasta el día de hoy lo acompañan. “Comodoro es cementerio indio. Ahí hay algo con los muertos. Por eso de allá sale gente así”, dice intentando explicar ese nexo que lo une afectiva y creativamente con las mismas personas desde hace más de una década y media, dispuesto a narrar como tiempo después de conocer a Shaman terminó conviviendo con él en La Plata y estudiando Filosofía: “Como no sabía qué hacer de mi vida, me anoté en la facultad y pasé cuatro años ahí. Conocí a otra gente muy espectacular que me abrió más la cabeza. Las relaciones te cultivan más el cerebro que la facultad. Yo venía de una institución y no quería más instituciones, así que a la mierda”.
Durante la estadía del Nene en La Plata, que se extiende hasta hoy, los proyectos musicales brotaron dando paso a Shaman y El Nene, el dueto musical que jugaba y experimentaba con los sonidos y el público; a El Nene y los metralleta, que se alimentó de una gran cantidad de músicos amigos que a la par tocaban en La Patrulla Espacial, Él mató a un policía motorizado, Shaman y los hombres en llamas y Prietto; y ahora a La Antropofónica, la orquesta de afrobeat a la que Schneider le pone la voz y donde, jura, está aprendiendo a cantar. Pero además en los días de la ciudad con calles numeradas, aparecieron las noches interminables en las que los recitales de La Patrulla Espacial, la banda en la que el hermano del Nene toca el bajo, se presentaron como el ámbito de delirio ideal. “En los recitales de La Patrulla ves algo serio, loco, fuerte, pensado, natural. Ahí encuentro violencia mezclada con armonía de amistad”, sostiene mientras recuerda las madrugadas alucinógenas en las que él solía subir al escenario a gritar “cagando a pedos a todos”, desvestirse y provocar incendios “para hacer dibujos” en el asfalto al terminar los shows porque “con La Patrulla llega un punto en el que es tanto lo que pasa que sentís que ya no lo resistís más”.
Ahora y aunque ya no tome más por asalto el escenario de La Patrulla Espacial porque ya hizo “todas las que tenía que hacer con ellos” y porque “El Nene ya está creciendo. Mierda, boludo, ya estás grande, dejate de poner en bolas, come on, baby”, los vínculos que el rock le regaló a Martín permanecen igual de estrechos que cuando todavía vivía en Comodoro Rivadavia. “Somos un grupo de gente en el que nadie es más que el otro. Vamos en grupo. Es como que salimos juntos a atacar el modernismo argentino, cada uno con su estilo pero respetándonos, y eso es lo más groso que tenemos”, reflexiona.
“Jamás pararía porque la vida te para sola”, dice El Nene mientras explica que aunque ya no sea parte de shows extremos con la banda de su hermano, la acumulación de vivencias sigue intacta. “Creo que recién me di cuenta de lo que soy hace dos años. Fue una búsqueda de casi 30. El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría. León con ira es sabiduría. Hay que enojarse. En una de esas enojadas, me encontré y me dije si soy esto, para qué mierda dar vueltas. No quiero ser ni petrolero, ni carpintero, ni mezclador. Quiero cantar”, asevera convencido para luego afirmar que él no sólo es el hombre capaz de devorarse noches enteras y convertir a las tardes en viajes por profundas madrugadas, sino que además es el niño que sacaron del pueblo: “Nací en Chile Chico, un lugar donde todas las mañanas desde la montaña caía un cóndor que se llamaba Charly. Por eso me dicen Nene, porque nunca crecí, nunca quise irme de ese lugar. De ahí quedé con la imagen de un cóndor que bajaba despacito, dando vueltas hasta que aterrizaba y se quedaba a pasar la mañana. Y a la tarde cuando se iba, era un espectáculo. Todos salíamos a verlo porque abría las alas y empezaba a correr hasta que remontaba vuelo. Es la imagen más linda que tengo de mi vida. Eso quiero yo. Quiero que la gente tenga la oportunidad de ver algo tan bello. Cuando canto, quiero ser ese cóndor que baja y admira”.
Hace poco, El Nene volvió en busca del cóndor y de la casa en la que nació. Se encontró con un Chile Chico con 50 barrios más allá y se perdió. Tampoco se topó con esa iglesia que a los cuatro años incendió. Pero su dios sí estaba ahí. “Estoy atravesado por un Jesucristo medio loco. My personal Jesus”, dice mientras fija la mirada y, sin cambiar el semblante, escupe: “No sé qué querés de mí”.

De Garage – Noviembre de 2011
(siempre es mejor la versión en papel)

jueves 24 de noviembre de 2011

La niña animal


tres niñas increíbles, reunidas en una muñeca rusa, y el gran Luxor me invitaron a escribir la reseña que acompañará a su próxima muestra, "La niña animal". Un gran honor (dado que son cuatro artistas que admiro realmente y con el corazón) que intenté plasmar en un trabajo acorde a la ocasión.
Hace muchísimo que no escribía en primera persona, pero la obra de ellos ameritaba comprometerse y exponerse, tal como ellos lo hacen con cada una de sus ideas.
Aquí queda el texto y, aún más interesante, la invitación a ver el trabajo que Una Muñeca Rusa y Luxor hicieron en conjunto:

Un retrato en la pared. Mi escala de grises, sólo el cascarón, la estructura social, mi costado más complejo que intenta mimetizarse y hacerse hormigón. Más hacia el fondo, el color. La versión más completa y agrietada de mí misma. La complicidad de mis pares. La mirada del artista, sus pinceladas. Mis plumas, hocico y trompa. Las pisadas y restos de pelos de mis compañeros más cercanos. Las imágenes paganas. Los juegos de niños. Las manos negras. Los relámpagos en el cielo. El registro de un cuerpo recostado sobre mi imagen, estudiándome, atravesándome. El amor. Mis deseos, reflexiones y temores más profundos (y más simples, al mismo tiempo). Todos reunidos en mi versión más primitiva, desnuda y expuesta. Y yo completa. Yo originaria. Yo nativa. Yo niña. Yo animal.

La niña animal de Una muñeca rusa y Luxor inaugurará el sábado 26 de noviembre a las 21 horas en Mal de Muchos (49 nº 483 entre 4 y 5, La Plata).

Más de Una muñeca rusa: http://unamuniecarusa.blogspot.com

martes 22 de noviembre de 2011

Detrás del sol en Centro Cultural Islas Malvinas



Chico Ninguno, Camión, La Patrulla Espacial, Reno, Antolín, Diegomartez, Cuco, Gustavo “Tano” Caccavo y Valeria Laferrara le rindieron tributo a Nick Drake a través de ocho canciones versionadas que conforman "Detrás del sol", un disco que reúne interpretaciones de las canciones del cantautor inglés.

Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotografía gentileza de Nacho Babino

La Plata, noviembre 22 (Agencia NAN-2011).- Nick Drake es un nombre que no todos logran recordar. La depresión no vende y bueno, Drake y su música eran verdaderamente depresivos. Pero también eran profundos, especiales como la mirada de alguien que no quiere venderle nada a nadie. Así, cada tanto hay algunos pocos que se acuerdan de Drake, pensándolo como un genio al que tal vez ningún productor logró comprender lo suficiente. Y eso fue lo que pasó el viernes por la noche, cuando algunos músicos platenses creyeron que era momento de rendirle homenaje al muchacho inglés de ojos rasgados, versionando sus canciones para espantar al olvido.
Reunidos por De Garage, la publicación que se dedica a narrar la prolífica escena rocker independiente de La Plata, doce artistas emprendieron hace dos años la tarea de encontrarse con Nick Drake (o reencontrarse, si es que acaso tenían el placer de conocerlo), bucear en su breve pero fértil discografía, seleccionar una canción y adaptarla a sus propias sensibilidades y tiempos. Todo eso pasó y “Detrás del sol”, el disco que reunió todo ese trabajo, se grabó. Así, con las tintas frescas y la agitación tras la corrida que es necesaria para llevar a cabo cualquier tipo de producción independiente, más de un centenar de ejemplares del long play se distribuyeron orgullosos el viernes sobre una mesa junto a la entrada al auditorio del Centro Cultural Islas Malvinas y desde ahí esperaron a que los músicos revelaran lo que esa grabación guardaba.
“Al entrar en el mundo de Nick Drake, como me pasó al comenzar mi versión, es imposible no ponerse muy triste. Pero no es una tristeza común la que te regala su obra, sino una tristeza dotada de una belleza increíble que es difícil de alcanzar pero que vale la pena conseguir. Como entrar a un tren fantasma o a la casa del terror más hermosa del mundo”. Cerca de las 21 y desde un vídeo que se proyecta contra el escenario del lugar, Antolín cuenta su acercamiento a Drake. Junto a él, Buki Cardelino (Camión), Tomás Vilche, Koyi Kabutto, Reno, Tato Alcaraz (Chico Ninguno), Diegomartez, Leíto (Cuco), Gustavo “Tano” Caccavo, Valeria Laferrara y Juan Irio hacen lo propio. A lo largo de la proyección, en todos recae el peso de la tristeza y de la introspección del músico inglés, aunque también están presentes sus virtudes como guitarrista y la experimentación sonora que se permitía abordar.
Luego del vídeo de presentación, empieza la maratón. En menos de tres horas, nueve de los doce músicos del disco deberán tocar las canciones de Drake y algunos temas propios. Así, no es mucho el tiempo que Tomás Vilche se toma para acomodarse y, junto a La Patrulla Espacial --la banda que lidera--, interpretar una lograda versión psicodélica y en habla hispana de “Know”. Probando sonido a la par que la canción se desarrolla, la banda no termina de acomodarse cuando, tras interpretar dos de sus canciones, ya se tiene que bajar del escenario. A partir de ese momento, el tránsito es constante. Los músicos se mueven sobre el escenario al ritmo del reloj, a la par que el público entra y sale del auditorio para fumar algún que otro cigarrillo que nunca logrará terminar antes de que un músico nuevo se apostre en el centro de la escena del lugar.
De ese modo, el Tano Caccavo y Valeria Laferrara dan rápida continuidad a la noche de Drake desde dos sillas en las que se sientan para entonar, acompañados por el teclado de Leandro Giordano Echegoyen, la canción que le da nombre al disco: “Things behind the sun”. La afinada voz de Laferrara llena el espacio, conmoviendo a la par que cada una de las estrofas es pronunciada en inglés. Detrás de ellos, y durante toda la noche, proyecciones de imágenes de Drake entremezcladas con burbujas de colores y movimientos de árboles completan la escena. Poco después, Diegomartez, otro cantante que sorprende por las virtudes que resguardan sus cuerdas vocales, toma la posta dando vuelo a su interpretación de “From the morning”, una versión acústica que, al igual que la anterior, puede prescindir del exceso de sonoridades e instrumentos musicales sin, por ello, dejar la impresión de melodía desnuda en quien la oiga.
Hacia la mitad de la noche, llega Camión dispuesta a quebrar el tono intimista que Caccavo, Laferrara y Diegomartez habían logrado establecer. La creación de atmósferas asfixiantes que se acentúan con los golpes de las guitarras distorsionadas hace de “River Man” una de las versiones en las que es posible imaginar la densidad que podría haber sentido Drake inmerso en su introspección. Luego, es el turno de “Fly”, la canción a la que eligió ponerle su sello Antolin. Una vez más, el intimismo se apropia del escenario, mientras que el artista juega a entonar los versos como si se tratasen de lamentos. En el mismo sentido, lo siguen Reno y su versión ultra rasgueada de “Three Hours”, que sólo es interrumpida por la caída de un papel enorme que, desde el fondo del escenario, hacía las veces de pantalla gigante.
Cerca del final, Cuco se trepa al escenario dispuesta a interpretar “Pink Moon”. El grito gutural de Leíto, el cantante de la banda a la que alguna vez retaron por “hacer ruido” en Radio Nacional, despierta al público, obligándolo a mirar de frente el homenaje que se lleva adelante. Lo tribal pasa a ser protagonista, abriendo las puertas hacia la utilización de sonidos impensados que conducen hacia un cantar dulce que, de a ratos, estalla en gritos violentos. Después de presentar su versión de Drake, Cuco sigue con su ritual. Leíto se acomoda en el centro del salón y desde ahí invoca a Grace Zabriskie, una de las actrices de David Lynch, todo para luego volver al escenario y tocar una canción instrumental que parece electrificarlo al punto de hacerlo saltar. Con un público que de a ratos emite aullidos, la banda se despide y Chico Ninguno se hace cargo de la escena. Mixturando la electrónica que suele utilizar en sus composiciones con su costado más acústico, Tato Alcaraz (el cerebro de Chico Ninguno) realiza una versión en español de “Place to be”. La guitarra y el cello se encuentran con las programaciones que Paco Salazar dispara desde una computadora y nada desentona.
Después de la psicodelia, el intimismo, la densidad y el grito tribal, llega la esperanza mientras Alcaraz entona: “Cuando era joven, nunca vi la verdad colgando de la puerta; ahora soy más viejo y la veo cara a cara”. Como si después de que nueve músicos entonaran canciones dedicadas a él, Drake se atreviera a salir de detrás del sol y así, por fin dejarse ver.

Web: http://www.degarageweb.com.ar

Agencia NAN (www.agencianan.com.ar)

domingo 6 de noviembre de 2011

Thes Siniestros y la simple regla de tres



Por Caro Sánchez Iturbe
Foto: Zanarenco

Hay quienes dicen que crecer implica despojarse de todo aquello que sobra y que, por innecesario, molesta. Así, el síndrome de la madurez llega para reconciliar al cuerpo con su desnudez, aliándolo con sus complejidades y llevándolo a mostrarse tal cual es. Y algo así es lo que Thes Siniestros juran que les ocurrió. Después de seis años de actividad ininterrumpida, de haber sido la banda ideal para musicalizar cuanta fiesta frenética hubiera y de haberse convertido en forasteros sin tierra, los últimos días los encuentran sin antifaces, entregados a una versión menos rebuscada de sí mismos, donde simpleza y sinceridad es lo que ahora en verdad vale.
“Es natural lo que nos pasó. Uno cambia. Yo no soy el mismo que cuando empecé a tocar”, escupe Marto (guitarra y voz) a la vez que reflexiona acerca de cómo su banda eligió dar un volantazo y dejar atrás los paseos por las rancheras mexicanas, el rockabilly del que siempre protestó y el rock surf para ahora encontrarse con “Los últimos días”, su tercer disco que, de la mano de la experimentación por nuevos pasajes sonoros, retrata justamente eso: el nuevo período de Thes Siniestros. “Nos da un poco de cosa ver a músicos que una vez que encontraron una fórmula la repiten hasta el hartazgo y sacan un montón de discos iguales. O que se presentan en vivo a los 40 años y se hacen los adolescentes porque no lograron liberarse. El tiempo pasa para todos. No hablamos de volverse viejos, sino de buscar otros caminos”, completa Juan Irio, la voz cantante, además de bajista, de la banda. Y entonces, Marto redondea: “No queremos convertirnos en una banda de covers de nosotros mismos. Hace unos años atrás, Juan me dijo Si dentro de 20 años seguimos tocando “El baile de Jesucristo”, me corto las bolas. Y es verdad”.
Sentados en la trastienda de Ramona Flaver, el local full color, Flav (batería), Marto y Juan, los tres muchachos que fundaron a Thes Siniestros aseguran que la mutación es algo que estuvo presente en la banda desde sus primeros días, cuando acordaron hacer un proyecto que no tuviese definido de ante mano hacia adonde iba a ir, sino que contara con la libertad de buscar nuevos caminos. Es que según Juan “en el arte no se puede dejar de lado la búsqueda. Si elegís un sonido y te quedas ahí, perdes esa magia que tiene la exploración”. Así, después de un “Ritmo Vértigo” que reunió las primeras canciones de la agrupación platense y de los “Campos de Satán” que supo convertirse en un disco conceptual, la llegada del tercer trabajo discográfico necesitaba ese aire renovado que es condición primordial del arte: “Queríamos despojarnos de esos personajes que nos daban las máscaras, queríamos ser un poco más nosotros y no estar tan atados a lo que era la estética Siniestros, que nos vinculaba mucho con México, con el Gauchito Gil, con el rockabilly, que es un género que a nosotros no nos representa. Y en este disco no fue que buscamos no sonar a rockabilly, sino que mostramos lo que estaba haciendo la banda en ese momento y eran estos temas. Para nosotros se dio una liberación y una especie de reivindicación al demostrar que no somos una banda que se pueda encasillar”, explica el cantante.
Aunque desde afuera pueda parecer que los Siniestros cambiaron direccionalmente de rumbo, los músicos juran que para ellos poco hay de eso. “Para nosotros no hay una gran transformación. Fue tan paulatino, tan natural. Los dos discos anteriores nos llevaron a hacer esto. Es parte de un proceso. Por eso, no veo a Los últimos días como un disco de ruptura, es el devenir de la banda”, sintetiza Marto. A su lado, Juan asiente y cuenta cómo en los ensayos el sonido fue encaminándose hacia lo que ellos llaman “psicodelia regional” (“que en verdad es algo sin definición”). Entonces sí puntualiza cuáles son los dos elementos que mutaron: las letras y la forma de cantar. “Ya no se imposta la voz, ya no hay un personaje. Y las letras tienden hacia algo más poético. Ya no contamos la historia del gaucho que baja al infierno, ahora se habla del amor, de la separación, del dolor, de cosas más terrenales”, dice. Otro de los elementos novedosos en la banda es su formación, que hace dos años dejó de ser trío para devenir en un cuarteto de músicos con la incorporación de Dobro, el tecladista, que está desde la grabación de “Campos de Satán” y que obligó a componer diferente.
Y como toda etapa nueva, éste período de Thes Siniestros llega con balance del anterior. Balance del que Juan se hace cargo: “Las máscaras nos dieron la posibilidad de ser tres ignotos haciendo música, pero a su vez nos quitaron más de lo que nos dieron: nos encasillaron y nos limitaron a ser la banda de los enmascarados. Sacarnos las máscaras nos dejó ser más honestos con nosotros. Ya era un peso ser enmascarados”.

MySpace: www.myspace.com/thessiniestros
Para descargar el disco: http://thessiniestros.bandcamp.com/

* Thes Siniestros presentará su nuevo disco el viernes 18/11 a las 20 en el Auditorio del Pasaje Dardo Rocha (50 e/ 6 y 7).

Franceville agenda pocket – Nº 59, octubre de 2011
(siempre es mejor la versión en papel)

sábado 5 de noviembre de 2011

Salgan al sol!...Revienten!!!


Después de un viernes de diluvio universal, salió el sol y más de 30 artistas locos decidieron festejar que el clima, a veces, es bueno. Va a pasar de todo y todos están invitados. No más, deben llevar un alimento perecedero (algo copado, que ustedes comerían) para que luego donemos todo eso a un comedor comunitario.
Vamos, viejo, que hay sol!


Salgan al sol!
Revienten!!!

Cuco + El Perrodiablo + El resplandor de las luciérnagas + Lemon Pie Cristal + ojo-en-blanco + Mariela Vita + The Dark Flack + unavalerianaporfavor + Casiasesino + Gogogoch + Tata Laxague + Valentino Tettamanti + Chempes + Mariano Zeta + Ana Axat + Luxor + Rodrigo Acra + Manu + Alberto Abeliza + Loco Rabia Editora + Mato + Los Pájaros Papa + Roberto Figueroa + Sarah Brenk + Agustina Amar + Maxi Reptilia + Nicolás Freda + Tik Serigrafía + Anita Lanita + Artemisa + Fen Semillas Libres + Dróseras Plantas + Hummus Sapiens + Voodoo Selector

:: música + teatro + fotos + ilustraciones + historietas + intervenciones + mural + proyecciones + feria + más

Sábado 5/11 – desde las 14 horas
Casa Bosque – 78 nº 1819 e/ 131 y 132
:: entrada: un alimento no perecedero ::

Una casa en el bosque. Un día entero. Hasta caer muertos. Treinta artistas. Música. Teatro. Fotos. Ilustraciones. Historietas. Murales. Intervenciones. Proyecciones. Feria. Y tantos motivos para salir al sol y reventar!

:: artistas invitados

Música en vivo
:: Cuco
:: El Perrodiablo
:: El resplandor de las luciérnagas
:: Tata Laxague

Teatro
:: Lemon Pie Cristal

Intervención
:: ojo-en-blanco
:: Mariela Vita
:: Ana Axat
:: The Dark Flack
:: unavalerianaporfavor

Ilustración
:: Casiasesino
:: Gogogoch
:: Valentino Tettamanti
:: Chempes
:: Mariano Zeta

Mural
:: Luxor
:: Rodrigo Acra
:: Manu

Historieta
:: Alberto Abeliza
:: Loco Rabia Editora
:: Mato

Fotografía
:: Los Pájaros Papa
:: Roberto Figueroa
:: Sarah Brenk
:: Agustina Amar
:: Maxi Reptilia
:: Nicolás Freda

Feria
:: Tik Serigrafía
:: Anita Lanita
:: Artemisa
:: Fen Semillas Libres
:: Dróseras Plantas
:: Hummus Sapiens

Musicalización
:: Voodoo Selector

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Caracol Rojo
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Y sí seguís explorando? (si total, no nos vamos a dormir...)

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