viernes, 15 de abril de 2011

La Expedición, un intento de derribar prejuicios en bicicleta


Entre finales de marzo y principos de abril, un grupo de seis hombres y mujeres se subieron a bicicletas “raras” y viajaron desde la ciudad de Buenos Aires hacia La Plata. El viaje, una gran intervención artíctica colectiva, produjo encuentros y experiencias que superaron la travesía

Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotografía de The Dark Flack (www.thedarkflack.com)

La Plata, abril 15 (Agencia NAN - 2011).- “La expedición no es ni siquiera una llave todavía, es como el molde de una llave: hay que hacer la llave, luego hay que ir encontrando las cerraduras e ir abriendo puertas”. No hace demasiado tiempo que Roger Colom se bajó de la bicicleta que viene acompañándolo en esa aventura que terminó hace unos días, pero cuyo efecto recién comienza: un recorrido sobre dos ruedas intervenidas artísticamente, que cubrió la distancia entre la ciudad de Buenos Aires y La Plata. A su lado, Leonello Zambón, Miguel Sendón, Zina Katz y los chicos de los colectivos LULI y La Grieta estiran las piernas en una de las últimas paradas del viaje en el que acompañaron a Colom desde el miércoles 30 de marzo. Y se preparan para contársela a Agencia NAN
La Expedición empezó mucho antes de aquel miércoles en que se marcó la línea de largada y seis personas emprendieron un recorrido en bicicleta que iría desde la ciudad de Buenos Aires hacia La Plata. En realidad, la movida fue planteada como algo más que una simple bicicleteada a través de 52 kilómetros. La aventura fue concebida como una obra de arte colectiva, capaz de modificarse y transformarse no sólo con cada movimiento de quienes pedalearían, sino también a la par de los artistas y colectivos que recibirían a los expedicionarios en cada una de las trece paradas intermedias que se estipularon antes de la partida. Estuvieron en la casa de María Tapia, en Sarandí; en la Universidad de Quilmes y en la casa de Tito Ingenieri, en la rivera de esa localidad bonaerense. Vieron los trabajos de Jaquelina Abraham en Museo del Golf y la escuela del vidrio, en Berazategui, y continuaron por la casa de Miguel Sendón, en Hudson. Pisaron el parque Pereyra Iraola y el taller de Tormenta, en City Bell. En el puente de la estación de trenes de Tolosa, La Fabriquera preparó una intervención. Luego, siguieron por el Galpón de Tolosa, la FLIA, el CC Islas Malvinas y el Galpón de La Grieta, en La Plata. En rigor, la idea se pergeñó a fines del año pasado: 
Roger Colom: --Todo empezó una noche en la que Leo estaba borracho… 
Leonello Zambón: --Y vos también… 
R.C: --Estábamos quejándonos de algo, no me acuerdo. Creo que hablábamos de las anotaciones que tomaba en el tren en camino a La Plata, de los vendedores y eso… 
L.Z: --Yo tenía algunas bicis ya armadas. Una, en realidad, que era un módulo que ahora estamos transportando y que es una especie de cabina medio mutante para un DJ, para armar una barra, o para lo que sea. Es súper pesada, pensada para hacer distancias muy cortas, nunca testeada mucho. 
R.C: --Así, esa noche, dijimos ¿por qué no hacemos un viaje? Surgió La Plata porque yo estaba viniendo regularmente (es español), estaba conociendo gente de aquí y estaba viendo que hay movidas que, por ejemplo, no se dan en Buenos Aires. En La Plata, el trabajo colectivo, el trabajo entre artistas, el microclima o el sistema ecológico de La Plata permite más el desarrollo del trabajo artístico y del pensamiento colectivo. 

Aquella charla entre dos amigos se extendió, reuniendo nuevos adeptos y convirtiéndose en un proyecto ineludible. De ese modo, Zina Katz se ofreció a construir un toldo que, a lo largo del viaje, serviría para cubrirse de la intemperie, reunirse con los demás expedicionarios y charlar. “El toldo se hizo con retazos de cincuenta por cincuenta y fue confeccionado por 25 artistas textiles de todo el país, a quienes Zina contactó y organizó”, resume Zambón. Luego, se incorporaron los chicos del colectivo LULI y de La Grieta, y con ellos llegaron nuevas ideas desarrolladas sobre dos ruedas: una bici-baño químico que realizó todo el recorrido y que ahora fue donada “a la movida cultural y militante platense, que muchas veces hace actividades como la FLIA y necesita baños químicos y no tiene”. 
El colectivo LULI se unió a La Expedición tiempo después de la noche en la cual Leo y Roger pensaron el proyecto. Daniel Badenes, quien no sólo es miembro de LULI, sino que también integra el colectivo de La Grieta, explicó que La Expedición se nutrió de heterogeneidades e, incluso, de objetivos diferentes: “Este es un grupo que se formó en torno a una idea y que hasta el último día no sabía exactamente quiénes lo integraban. Cuando nosotros recibimos la propuesta de Roger, la idea era que LULI estuviera en una de las paradas intermedias proponiendo algo pero a nosotros, en nuestras subjetividades, nos interesó involucrarnos decididamente y hacer La Expedición porque entendíamos que el recorrido que íbamos a hacer no sería el mismo que el de Roger, el de Leo o el de Zina. Nosotros somos de La Plata. En ese sentido, nuestra participación en algún punto es el viaje de vuelta a casa, nuestra primera expedición fue a Buenos Aires y la gran incógnita era saber qué había en las paradas intermedias porque el platense viaja a Buenos Aires, las ve por la ventanilla del tren, pero casi nunca llega a conocerlas”.
“La idea de la expedición es no sólo el viaje a La Plata, sino también el encuentro con esos otros grupos artísticos o colectivos culturales que tienen propuestas en las paradas intermedias”, dice Badenes y pronto explica como el recorrido mismo ha logrado sorprenderlos y transformarlos. Así, en cada descanso, la gente graffiteó, stencileó y estampó las paredes blancas de la bici baño de LULI, cambiando la estética con la que había sido concebida, mientras que la cabina de Zambón dejó de ser una obra construida por un único artista debido a que fue necesario volver a soldar algunas partes y refaccionar otras utilizando para ello, por ejemplo, los materiales y las manos de Tito Ingenieri. 
El viaje dejó sus huellas en el camino, pero también persiste en una sucesión de registros con forma de crónicas periodísticas y dibujos que se cuelgan diariamente en el blog de La Expedición (http://artexpedicionario.blogspot.com) y en la reproducción de relatos propios y ajenos expresados en 140 caracteres por medio de Twitter. 
El camino recorrido, en tanto, significó una profunda exploración que se dio, en principio, en dos sentidos. Por un lado, los encuentros reales con los artistas y los pobladores que esperaban pacientes la llegada de La Expedición en cada una de las paradas; por otro, el establecimiento de vínculos entre los expedicionarios a partir de la experiencia. “En ese interrogante por las paradas intermedias, notamos que estaba la idea del prejuicio. Es decir, aquellos destinos que hasta entonces sólo conocíamos a través de la ventanilla, estaban empapados de muchos imaginarios y preconceptos que estábamos dispuestos a revisar y derribar. Nosotros entendemos que esto es una intervención artística pero también una expedición antropológica en el sentido más humano del término, de conocer al otro, de encontrarse con el otro”, sintetiza Badenes, que luego explica que el trabajo antropológico terminó superando a esos “otros” que daban la bienvenida, para instalarse en el interior de los expedicionarios. “Probablemente, los diálogos más enriquecedores que se dieron en estos cinco días fueron al interior del propio grupo”, sostiene. 
Dispuesto a desterrar que la cultura está cercada por los límites de la General Paz, Roger Colom jura que la decisión de realizar una intervención artística que saliera de la Ciudad Autónoma, no fue algo casual: “Una cosa que me llamó mucho la atención antes del viaje fue que, fuera de la Capital Federal, esta movida suscitaba un montón de entusiasmo, pero allí, ninguno. Y un día, caminando con Leo, me di cuenta que el primer gran proyecto en el que me involucro en Argentina desde que llegué de España, implicó un irse: El primer gran proyecto que hago en Buenos Aires, implicó abandonarla”. 
Sentados en algún sitio cercano al fin de su viaje, el grupo de expedicionarios jura que aunque sean pocas las horas que faltan para llegar al Galpón de la Grieta y terminar, así, el recorrido, a La Expedición le falta un largo tramo para darse por concluida. “Hace falta digerir mucho la experiencia, que es descubrimiento y auto descubrimiento: al mismo tiempo que aprendés como llevar la bicicleta, aprendes cosas de vos. Por ejemplo, pude confirmar que mi sentido del equilibrio no es ideal”, dice Colom entre risas para luego resumir los planes que tiene para los próximos meses: “Ahora habrá bastante trabajo. Habrá una muestra en el Museo de la Memoria de La Plata y en junio haremos una muestra de resultados, pero para eso será necesario procesar cosas”. Les queda, por ejemplo, el pensar y buscar la manera de organizarse para que La Expedición tenga alguna validez, alguna resonancia en otra gente; que la puedan ver una vez finalizada. También quedan cuestiones individuales: cada uno tiene que lidiar con sus penas y sus glorias. “Es que nosotros no somos un grupo, somos amigos que hacemos cosas juntos. A veces vamos a la autopista y tiramos piedras a los coches que pasan”, concluye. 

Blog: http://artexpedicionario.blogspot.com

Agencia NAN (www.agencianan.com.ar)

4 comentarios:

Josefina dijo...

¡qué belleza de expedición!
en la próxima varias almas nos sumaremos a la travesía pegada a los rieles del tren

Caro Sánchez Iturbe dijo...

siii, realmente una bella idea con grandes propósitos!
Lástima no saber pedalear...
besos, Jose!

Josefina dijo...

ah! pero eso no es impedimiento.
se aprende más rápido que con un motor a combustible. a mi me sacaron las rueditas a las 13 años

Caro Sánchez Iturbe dijo...

será cuestión de salir al bosque bicicleta, rueditas y casco en mano! :)

Y sí seguís explorando? (si total, no nos vamos a dormir...)

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