sábado, 15 de mayo de 2010

La alegría por la que su mundo gira


La vida de Christian Yapezzutti estuvo marcada por el rock platense: primero fueron los Redondos; después, Ver Nápoles y Los Hermanos Macana. Hoy, el guardia del zoológico de “Ese oso”, que se autoproclama fanático de Mostruo!, jura que el secreto de la música de la ciudad descansa en regalar aunque sea un puñado de felicidad.

Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotos de The Dark Flack (http://www.thedarkflack.com/)

“No sé qué hago acá”. Christian Yapezzutti, o el Yape, como le dicen sus amigos, jura no entender cuál es el interés en entrevistarlo y, por el contrario, insiste en que él es sólo un hombre que va a recitales. Sin creer posible esa figura de “público rocker destacado” que se le plantea ante sus narices, se ríe de la categoría para después, dispuesto a seguir el juego, afirmar que el rock no es más que “estar con tus amigos debajo de un escenario y bailar”.
Como sea, el Yape asegura sin dudar que el único motivo por el que elije ir a ver bandas es porque ése “es un sinónimo de felicidad”. Luego, con su mejor sonrisa, se dedica a describir eso que lo invade cada vez que deja que sus músculos se sacudan en algún bar platense al ritmo de la música: “En el momento en que estoy en un lugar donde hay rock y logro desconectar todo, soy libre. A esa sensación de libertad plena, que cuesta tanto encontrar, solamente te la da un recital. Si estás bien ubicado en el lugar donde querés estar, sos libre. Después de eso, vuelvo a mi casa contento y lleno de rock and roll criollo”.
Christian siempre supo que lo suyo era el rock. Antes de mudarse a La Plata, cuando recibía apenas algunos resabios de la música que llegaba hasta Tandil, era un rocker “fundamentalista” que “solamente escuchaba a los Redondos o a Sumo”. Es que el primer amor es difícil de dejar de lado y aún hoy el Yape recuerda la impresión que le dejó la voz del Indio Solari aquella vez que escuchó Gulp! en la casa de un vecino. Después de eso, el camino hacia el fanatismo se hizo casi imposible de evitar, llevándolo incluso a viajar durante 10 horas para conseguir una remera de su ídolo. “Cuando tenía 15 años, le dije a mi abuela que me iba a un picnic y me tomé un micro para comprar una remera de los Redondos en 8 y cuarenta y pico. Hice casi 800 km en un día sólo para eso”, relata con picardía el hombre que logró convertirse en el guardia del zoológico que aparece en el video de “Ese oso” de Mostruo!.
A causa de ese primer gran amor, el Yape también pudo asistir a su mejor recital: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota presentando en el ’88 Un baión para el ojo idiota ante 80 personas en el Teatro Estrada de Tandil. “Los shows de los Redondos provocaban un montón de cosas. A todas las sensaciones posibles, a todas las que podías llegar a sentir (desde amor extremo hasta miedo), las recorrías en un espectáculo de ellos”, explica para luego aclarar que, a pesar del fundamentalismo que lo invadió durante años, nunca formó parte del público que seguía al Indio por todo el país porque “la gitaneada” no le gusta y hacerlo hubiese sido sólo para “sufrir”.

Aunque la presencia ricotera fue fuerte en su vida, el Yape no se perdió entre las guitarras de Skay. Al mismo tiempo, tuvo la oportunidad de alucinar de la mano del recital que Virus daba en su ciudad y de sorprenderse ante “la concepción de mundo de Jimi Hendrix y Bob Marley”. Más tarde, cuando llegó a La Plata a los 18 años, su mundo cambió: “Me vinculé con chicos que tienen bandas, que son pibes de barrio, que tocan por el gusto de tocar”. Entonces sí, empezó a seguir a grupos como Ver Nápoles, en donde tocaba Richard Baldoni, y Los Hermanos Macana, que era comandada por Kubilai Medina y Ramiro Sagasti; el rock de la ciudad lo fascinó y ya no pudo darle la espalda. “Desde entonces, me dediqué casi toda mi vida a ir a recitales”, resume.
En franco asenso, el encantamiento de Christian con el rock platense continúa aún hoy. Así, el hombre de baja estatura, que suele ser visto al lado del escenario en todos los recitales de Mostruo!, asegura que ésa es su banda preferida en este momento, para después añadir que entre sus predilecciones están Crema del Cielo, NormA (por “el cinismo que trasunta las letras”), Pérez y Villelisa, que logra transportarlo a “una pradera desde la cual pareciera descender la familia Ingalls completa”.
Convencido de que la escena rocker de la ciudad puede darle algo más que un recuerdo bien musicalizado, el Yape sostiene que el gran atractivo del circuito está en que “lo primero que hace al rock de La Plata es la amistad, y de ahí viene todo lo demás. Eso es lo más lindo, que todo nace de un sentimiento puro”. Por esa fraternidad que experimenta en cada uno de los recitales a los que asiste, Christian no titubea al asegurar que lo importante es “compartir ese momento, porque la felicidad es breve y es por puñados; y escuchar a una banda, aunque sea por un ratito, da un poco de alegría”.

De Garage - Mayo de 2010
(siempre es mejor la versión en papel)

7 comentarios:

Ana Clara dijo...

Zarpada esta nota Caro!!! y las fotos también!!
Vos y el Flaco son dos grosos totales...

Caro Sánchez Iturbe dijo...

Gracias, Anita querida!!! Hacemos un combo bonito, jajaaajaja! :)

Anónimo dijo...

Gracias!!


Yape.-

Caro Sánchez Iturbe dijo...

Al contrario, muchas gracias a usted!
Besos! :)

vale dijo...

buenisima nota ,un grande seguidor del rock, los redonditos de ricotas es lo mejor que escuché, gracias cristian por haber puesto el sonido a full en la calle suipacha ..... y gracias indio por poder seguir disfrutando de esos recitales magnificos..

Anónimo dijo...

El yape Un Grosso !! Un Coloso Tandilense de Pura Cepa, como Fabián Acuña, Delpo, Mónaco y Germán Timo.

Anónimo dijo...

Un Grosso tandilense!! Como Delpo y Fabián Acuña

Y sí seguís explorando? (si total, no nos vamos a dormir...)

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