martes, 12 de enero de 2010

Bon Odori en la Asociación Japonesa


Alrededor de 10 mil personas se acercaron durante la tarde del sábado al predio de la Asociación Japonesa de La Plata, en Colonia Urquiza, para celebrar como cada principio de año la llegada de los antepasados y pedir prosperidad.

Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotografía de The Dark Flack (http://www.thedarkflack.com/)

La Plata, enero 12 (Agencia NAN-2010).- Una mujer de rasgos orientales baila envuelta en un kimono. A pesar del calor, su figura pareciera no modificarse y ni siquiera sentir el agotamiento. Detrás de ella, centenares de personas la siguen, intentando imitar los movimientos que realiza aunque les resulten complejos. La acompañan durante horas en el luto que ella guarda tras haber perdido a algún ser querido y, lejos de consolarla, festejan la ausencia. Es que durante la tarde del sábado en la Asociación Japonesa de La Plata, la gente se congrega y es parte del día de los muertos que para los nipones, a diferencia de la concepción occidental de la defunción, es tiempo de celebración.
El Bon Odori es uno de los festejos más tradicionales de Japón. Durante los días de verano --cuando históricamente terminaba la cosecha de arroz-- miles de personas les rinden homenaje a sus familiares muertos recreando los viajes que ellos realizaban hasta las montañas para agradecer por las venturas obtenidas durante el año y pedir protección y prosperidad. Contrariamente a lo estilado en este lado del mapa, los honores a los difuntos no llegan en forma de plegaria, si no a través del baile y el canto. Así, más de 150 familias argentinas con raíces japonesas, acompañadas por cerca de 10 mil occidentales curiosos, procuran no olvidar sus orígenes y cada enero, desde hace 11 años, reciben las almas de sus antepasados en el predio que la Asociación Japonesa tiene en Colonia Urquiza.
A las 6 de la tarde, cuando el calor todavía es impiadoso, el festival empieza. Una hora después, el predio ya está a tope y el aroma a frito de las comidas tradicionales es intenso. En los más de 100 puestos que se dispusieron alrededor de la pista de baile --que no es más que un círculo de césped en el centro del lugar--, docenas de personas intentan hacerse de un espacio para observar bien cerca los objetos que los comerciantes exhiben. La multiplicidad se hace carne y mientras en uno de los stands se ofrecen elementos decorativos realizados con la técnica del origami, en otro cercano venden remeras con inscripciones en Kanji, una forma de escritura japonesa.
Mientras algunos niños intentan pescar peces dorados que nadan en una pelopincho, los adultos se abalanzan sobre los puestos de comidas y experimentan. Probar piezas de sushi, yakitoris (brochettes de pollo), karintos (palitos salados con ají picante molido), cervezas importadas o tragos de sake forma parte de la experiencia de celebrar un ritual extranjero. Como si ése fuese el mejor camino para reducir las distancias que separan a las dos culturas, una manera de pertenecer a aquello que podría resultar tan ajeno.
A medida que las horas pasan y la noche cae, familias enteras y grupos de amigos se acomodan sobre el césped, en los pocos lugares que quedan libres, y bajo la luz de las lámparas de colores improvisan un picnic. En la pista de baile, una incontable cantidad de cuerpos imita la coreografía que alguna de las mujeres de kimono realiza sin pausa. Las mismas cuatro canciones se repiten una y otra vez y siempre son intervenidas por algún muchacho de ojos rasgados que golpea un taiko desde lo alto de una torre que está en el centro de la pista, “para estar más cerca de los dioses”, según relata uno de los organizadores.
A pesar de que la mayoría de los orientales que son parte del festejo son argentinos, la tradición sigue en pie. “Nuestras facciones nos determinan y por eso no podemos dejar de lado nuestras raíces”, explica Yuka Yamawaki, una de las encargadas de organizar el Bon Odori en La Plata.
Cerca de las 10 de la noche, una voz de mujer amplificada por los parlantes advierte que en minutos se realizará un show. Cuando el aviso concluye, se puede oír el mismo anuncio en japonés. Casi todos se sientan en la pista, mientras los veinte muchachos del grupo “Buenos Aires Taiko” se acomodan frente a tambores de diferentes tamaños y empiezan a tocar. Como si cada uno de los músicos fuese parte de un engranaje perfectamente coordinado, se entrecruzan, golpean los parches de su compañero y danzan alrededor, logrando que la escena sea sumamente llamativa. Tras concluir con cada melodía, saludan y sin mediar palabras, encienden nuevamente la maquinaria de la que son parte. Después de tres canciones, se despiden, dejando durante algunos minutos sus tambores en el piso para que el público pueda fotografiarse junto a ellos. Luego, el cielo se cubre de fuegos artificiales de múltiples colores y, consecuentemente, de humo. Sin preocuparse por la pólvora que llueve, la gente festeja con aplausos el espectáculo.
Cuando los fuegos artificiales terminan, los espectadores vuelven a acomodarse detrás de alguna mujer que los guiará en la danza. Casi sin darse cuenta, completan las cuatro coreografías y recorren por completo la pista circular. Algunos, ya agotados luego de tantas horas de baile, prefieren observar desde los tablones que se ubicaron alrededor del centro de atención. Cerca de la medianoche, son pocas las familias que aún permanecen en el lugar. La mayoría prefirió retirarse antes de que el tramo de la ruta 36, normalmente poco poblado, se convierta en un embotellamiento.
Apenas transcurren minutos de la 1, la gente se retira sin apuro del predio de la Asociación Japonesa. Muchos llevan en sus manos algún souvenir que tiempo después les recordará la fiesta de la que fueron parte durante más de siete horas en el Bon Odori. Una noche en la que hombres y mujeres bailaron junto a las almas de sus ancestros permitiéndose atravesar las barreras culturales y, aunque sea por un rato, celebrar las diversidades.

Asociación Japonesa de La Plata:
http://www.ajlp.com.ar/

www.agencianan.com.ar

4 comentarios:

Blonda dijo...

Qué genial e infinitamente interesante es la cultura japonesa.
Me hubiera encantado ir.

Un besito y gracias por tus palabras en mi blog.

=)

Caro Sánchez Iturbe dijo...

Sí, realmente es una cultura increíble. Era muy lindo ver a esas mujeres bailar.

Nada que agradecer. Realmente me gusta mucho tu blog :)

Besos!

TIHADA dijo...

HOLA CARO! Me gusta la manera que tenés de narrar, me dio ganas de salir a ver esa ciudad que me contás...
Por ahí un día, entre estas diagonales que todavía me desorientan, nos encontramos.
Te dejo un abrazo!

Caro Sánchez Iturbe dijo...

Hola!
Muchísimas gracias! Me encanta que te hayan dado ganas de pasear por La Plata, realmente es una ciudad maravillosa. Lo más increíble que tiene es que desde hace ya varios años que vivo acá y sin embargo nunca deja de sorprenderme...
Besos!

Y sí seguís explorando? (si total, no nos vamos a dormir...)

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