lunes, 5 de diciembre de 2011

El Nene y los dioses personales



Aunque parezca que ya lo hizo todo, Martín Schneider asegura no estar dispuesto a parar. Luego de devorarse madrugadas, de gritar en el escenario de La Patrulla Espacial, de haber tenido más de un proyecto musical con Shaman, de desnudarse en público y de tener ataques incendiarios, jura que todavía hay batallas por librar. Ahora, el objetivo es juntar más experiencia para así llegar a ser igual a un cóndor capaz de admirar a cualquier niño de pueblo.

Por Caro Sánchez Iturbe
Fotos: The Dark Flack (www.thedarkflack.com)

Martín Schneider, El Nene, es uno de esos personajes extraños que tranquilamente podrían cohabitar en algún cuento sucio y suburbano a la par que en una leyenda silvestre y pueblerina. Mezcla justa entre vampiro de noches interminables y meditabundo envuelto en arboledas absorbentes. Uno de esos hombres que es capaz de contar qué sucedió aquella vez que incendió una capilla y cómo era la geografía de su pueblo natal sin necesidad de, para ello, modificar el semblante.
La vida del Nene estuvo atravesada por la iglesia. Sí, por la iglesia. Hijo de pastores evangelistas, creció literalmente dentro de un templo. Tanto así que su primer paso por la música fue en una banda que tocaba heavy metal mientras cantaba letras cristianas, cosa que, para la época y para un público “bastante conservador”, era lo suficientemente revolucionaria. Es que en aquel momento, el descubrimiento de Logos, la agrupación metalera creyente, se presentaba como el mejor camino de escape. “La escuchaba con efervescencia”, dice para luego entonar “ven a la eternidad, si puedes creer” y escupir un “fuck you” sin escalas. Es que, claro, eventualmente el Nene se reveló.
“Salí de la iglesia. Me di cuenta de que dios es la bondad de cada uno, uno no tiene porqué ser malo. Y ahí empezó otro mambo con las bandas. Lo único que mantuve fue el amor por la música clásica. En casa, se escuchaba música clásica y cristiana, pero cristiana facha. Así, los dos varones de la familia salimos un desastre. Y yo peor… tengo toda la cara marcada de cicatrices”, asegura entre risas dejando que sus dos dientes de lata se exhiban como trofeo, todo para después contar como “el vozarrón, los experimentos de sillas tocando contra algo y las letras espirituales” de Tom Waits lo cautivaron, abriendo un nuevo panorama en el que aparecerían más músicos capaces de producir transformaciones en su vida. “Aphex Twin me cambió. Yo era híper anti electrónica y cuando lo escuché me di cuenta de que ahí había una cosa increíble. Y después, el que terminó de volarme fue Fela Kuti. Él era un Bob Marley mezclado con un Che Guevara. Su historia me chingó la cabeza. Me faltaba un huevón más del mundo musical. Siempre hay uno más”, asegura y recomienda: “Acuérdense bien de él”.
A partir de la rebeldía, llegaron los días en los que Martín comenzó a deambular entre colegios secundarios y a establecer nuevos vínculos. De ese modo, en la escuela de arte de Comodoro Rivadavia se encontró con Shaman Herrera y con otros tantos personajes que hasta el día de hoy lo acompañan. “Comodoro es cementerio indio. Ahí hay algo con los muertos. Por eso de allá sale gente así”, dice intentando explicar ese nexo que lo une afectiva y creativamente con las mismas personas desde hace más de una década y media, dispuesto a narrar como tiempo después de conocer a Shaman terminó conviviendo con él en La Plata y estudiando Filosofía: “Como no sabía qué hacer de mi vida, me anoté en la facultad y pasé cuatro años ahí. Conocí a otra gente muy espectacular que me abrió más la cabeza. Las relaciones te cultivan más el cerebro que la facultad. Yo venía de una institución y no quería más instituciones, así que a la mierda”.
Durante la estadía del Nene en La Plata, que se extiende hasta hoy, los proyectos musicales brotaron dando paso a Shaman y El Nene, el dueto musical que jugaba y experimentaba con los sonidos y el público; a El Nene y los metralleta, que se alimentó de una gran cantidad de músicos amigos que a la par tocaban en La Patrulla Espacial, Él mató a un policía motorizado, Shaman y los hombres en llamas y Prietto; y ahora a La Antropofónica, la orquesta de afrobeat a la que Schneider le pone la voz y donde, jura, está aprendiendo a cantar. Pero además en los días de la ciudad con calles numeradas, aparecieron las noches interminables en las que los recitales de La Patrulla Espacial, la banda en la que el hermano del Nene toca el bajo, se presentaron como el ámbito de delirio ideal. “En los recitales de La Patrulla ves algo serio, loco, fuerte, pensado, natural. Ahí encuentro violencia mezclada con armonía de amistad”, sostiene mientras recuerda las madrugadas alucinógenas en las que él solía subir al escenario a gritar “cagando a pedos a todos”, desvestirse y provocar incendios “para hacer dibujos” en el asfalto al terminar los shows porque “con La Patrulla llega un punto en el que es tanto lo que pasa que sentís que ya no lo resistís más”.
Ahora y aunque ya no tome más por asalto el escenario de La Patrulla Espacial porque ya hizo “todas las que tenía que hacer con ellos” y porque “El Nene ya está creciendo. Mierda, boludo, ya estás grande, dejate de poner en bolas, come on, baby”, los vínculos que el rock le regaló a Martín permanecen igual de estrechos que cuando todavía vivía en Comodoro Rivadavia. “Somos un grupo de gente en el que nadie es más que el otro. Vamos en grupo. Es como que salimos juntos a atacar el modernismo argentino, cada uno con su estilo pero respetándonos, y eso es lo más groso que tenemos”, reflexiona.
“Jamás pararía porque la vida te para sola”, dice El Nene mientras explica que aunque ya no sea parte de shows extremos con la banda de su hermano, la acumulación de vivencias sigue intacta. “Creo que recién me di cuenta de lo que soy hace dos años. Fue una búsqueda de casi 30. El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría. León con ira es sabiduría. Hay que enojarse. En una de esas enojadas, me encontré y me dije si soy esto, para qué mierda dar vueltas. No quiero ser ni petrolero, ni carpintero, ni mezclador. Quiero cantar”, asevera convencido para luego afirmar que él no sólo es el hombre capaz de devorarse noches enteras y convertir a las tardes en viajes por profundas madrugadas, sino que además es el niño que sacaron del pueblo: “Nací en Chile Chico, un lugar donde todas las mañanas desde la montaña caía un cóndor que se llamaba Charly. Por eso me dicen Nene, porque nunca crecí, nunca quise irme de ese lugar. De ahí quedé con la imagen de un cóndor que bajaba despacito, dando vueltas hasta que aterrizaba y se quedaba a pasar la mañana. Y a la tarde cuando se iba, era un espectáculo. Todos salíamos a verlo porque abría las alas y empezaba a correr hasta que remontaba vuelo. Es la imagen más linda que tengo de mi vida. Eso quiero yo. Quiero que la gente tenga la oportunidad de ver algo tan bello. Cuando canto, quiero ser ese cóndor que baja y admira”.
Hace poco, El Nene volvió en busca del cóndor y de la casa en la que nació. Se encontró con un Chile Chico con 50 barrios más allá y se perdió. Tampoco se topó con esa iglesia que a los cuatro años incendió. Pero su dios sí estaba ahí. “Estoy atravesado por un Jesucristo medio loco. My personal Jesus”, dice mientras fija la mirada y, sin cambiar el semblante, escupe: “No sé qué querés de mí”.

De Garage – Noviembre de 2011
(siempre es mejor la versión en papel)

jueves, 24 de noviembre de 2011

La niña animal


tres niñas increíbles, reunidas en una muñeca rusa, y el gran Luxor me invitaron a escribir la reseña que acompañará a su próxima muestra, "La niña animal". Un gran honor (dado que son cuatro artistas que admiro realmente y con el corazón) que intenté plasmar en un trabajo acorde a la ocasión.
Hace muchísimo que no escribía en primera persona, pero la obra de ellos ameritaba comprometerse y exponerse, tal como ellos lo hacen con cada una de sus ideas.
Aquí queda el texto y, aún más interesante, la invitación a ver el trabajo que Una Muñeca Rusa y Luxor hicieron en conjunto:

Un retrato en la pared. Mi escala de grises, sólo el cascarón, la estructura social, mi costado más complejo que intenta mimetizarse y hacerse hormigón. Más hacia el fondo, el color. La versión más completa y agrietada de mí misma. La complicidad de mis pares. La mirada del artista, sus pinceladas. Mis plumas, hocico y trompa. Las pisadas y restos de pelos de mis compañeros más cercanos. Las imágenes paganas. Los juegos de niños. Las manos negras. Los relámpagos en el cielo. El registro de un cuerpo recostado sobre mi imagen, estudiándome, atravesándome. El amor. Mis deseos, reflexiones y temores más profundos (y más simples, al mismo tiempo). Todos reunidos en mi versión más primitiva, desnuda y expuesta. Y yo completa. Yo originaria. Yo nativa. Yo niña. Yo animal.

La niña animal de Una muñeca rusa y Luxor inaugurará el sábado 26 de noviembre a las 21 horas en Mal de Muchos (49 nº 483 entre 4 y 5, La Plata).

Más de Una muñeca rusa: http://unamuniecarusa.blogspot.com

martes, 22 de noviembre de 2011

Detrás del sol en Centro Cultural Islas Malvinas



Chico Ninguno, Camión, La Patrulla Espacial, Reno, Antolín, Diegomartez, Cuco, Gustavo “Tano” Caccavo y Valeria Laferrara le rindieron tributo a Nick Drake a través de ocho canciones versionadas que conforman "Detrás del sol", un disco que reúne interpretaciones de las canciones del cantautor inglés.

Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotografía gentileza de Nacho Babino

La Plata, noviembre 22 (Agencia NAN-2011).- Nick Drake es un nombre que no todos logran recordar. La depresión no vende y bueno, Drake y su música eran verdaderamente depresivos. Pero también eran profundos, especiales como la mirada de alguien que no quiere venderle nada a nadie. Así, cada tanto hay algunos pocos que se acuerdan de Drake, pensándolo como un genio al que tal vez ningún productor logró comprender lo suficiente. Y eso fue lo que pasó el viernes por la noche, cuando algunos músicos platenses creyeron que era momento de rendirle homenaje al muchacho inglés de ojos rasgados, versionando sus canciones para espantar al olvido.
Reunidos por De Garage, la publicación que se dedica a narrar la prolífica escena rocker independiente de La Plata, doce artistas emprendieron hace dos años la tarea de encontrarse con Nick Drake (o reencontrarse, si es que acaso tenían el placer de conocerlo), bucear en su breve pero fértil discografía, seleccionar una canción y adaptarla a sus propias sensibilidades y tiempos. Todo eso pasó y “Detrás del sol”, el disco que reunió todo ese trabajo, se grabó. Así, con las tintas frescas y la agitación tras la corrida que es necesaria para llevar a cabo cualquier tipo de producción independiente, más de un centenar de ejemplares del long play se distribuyeron orgullosos el viernes sobre una mesa junto a la entrada al auditorio del Centro Cultural Islas Malvinas y desde ahí esperaron a que los músicos revelaran lo que esa grabación guardaba.
“Al entrar en el mundo de Nick Drake, como me pasó al comenzar mi versión, es imposible no ponerse muy triste. Pero no es una tristeza común la que te regala su obra, sino una tristeza dotada de una belleza increíble que es difícil de alcanzar pero que vale la pena conseguir. Como entrar a un tren fantasma o a la casa del terror más hermosa del mundo”. Cerca de las 21 y desde un vídeo que se proyecta contra el escenario del lugar, Antolín cuenta su acercamiento a Drake. Junto a él, Buki Cardelino (Camión), Tomás Vilche, Koyi Kabutto, Reno, Tato Alcaraz (Chico Ninguno), Diegomartez, Leíto (Cuco), Gustavo “Tano” Caccavo, Valeria Laferrara y Juan Irio hacen lo propio. A lo largo de la proyección, en todos recae el peso de la tristeza y de la introspección del músico inglés, aunque también están presentes sus virtudes como guitarrista y la experimentación sonora que se permitía abordar.
Luego del vídeo de presentación, empieza la maratón. En menos de tres horas, nueve de los doce músicos del disco deberán tocar las canciones de Drake y algunos temas propios. Así, no es mucho el tiempo que Tomás Vilche se toma para acomodarse y, junto a La Patrulla Espacial --la banda que lidera--, interpretar una lograda versión psicodélica y en habla hispana de “Know”. Probando sonido a la par que la canción se desarrolla, la banda no termina de acomodarse cuando, tras interpretar dos de sus canciones, ya se tiene que bajar del escenario. A partir de ese momento, el tránsito es constante. Los músicos se mueven sobre el escenario al ritmo del reloj, a la par que el público entra y sale del auditorio para fumar algún que otro cigarrillo que nunca logrará terminar antes de que un músico nuevo se apostre en el centro de la escena del lugar.
De ese modo, el Tano Caccavo y Valeria Laferrara dan rápida continuidad a la noche de Drake desde dos sillas en las que se sientan para entonar, acompañados por el teclado de Leandro Giordano Echegoyen, la canción que le da nombre al disco: “Things behind the sun”. La afinada voz de Laferrara llena el espacio, conmoviendo a la par que cada una de las estrofas es pronunciada en inglés. Detrás de ellos, y durante toda la noche, proyecciones de imágenes de Drake entremezcladas con burbujas de colores y movimientos de árboles completan la escena. Poco después, Diegomartez, otro cantante que sorprende por las virtudes que resguardan sus cuerdas vocales, toma la posta dando vuelo a su interpretación de “From the morning”, una versión acústica que, al igual que la anterior, puede prescindir del exceso de sonoridades e instrumentos musicales sin, por ello, dejar la impresión de melodía desnuda en quien la oiga.
Hacia la mitad de la noche, llega Camión dispuesta a quebrar el tono intimista que Caccavo, Laferrara y Diegomartez habían logrado establecer. La creación de atmósferas asfixiantes que se acentúan con los golpes de las guitarras distorsionadas hace de “River Man” una de las versiones en las que es posible imaginar la densidad que podría haber sentido Drake inmerso en su introspección. Luego, es el turno de “Fly”, la canción a la que eligió ponerle su sello Antolin. Una vez más, el intimismo se apropia del escenario, mientras que el artista juega a entonar los versos como si se tratasen de lamentos. En el mismo sentido, lo siguen Reno y su versión ultra rasgueada de “Three Hours”, que sólo es interrumpida por la caída de un papel enorme que, desde el fondo del escenario, hacía las veces de pantalla gigante.
Cerca del final, Cuco se trepa al escenario dispuesta a interpretar “Pink Moon”. El grito gutural de Leíto, el cantante de la banda a la que alguna vez retaron por “hacer ruido” en Radio Nacional, despierta al público, obligándolo a mirar de frente el homenaje que se lleva adelante. Lo tribal pasa a ser protagonista, abriendo las puertas hacia la utilización de sonidos impensados que conducen hacia un cantar dulce que, de a ratos, estalla en gritos violentos. Después de presentar su versión de Drake, Cuco sigue con su ritual. Leíto se acomoda en el centro del salón y desde ahí invoca a Grace Zabriskie, una de las actrices de David Lynch, todo para luego volver al escenario y tocar una canción instrumental que parece electrificarlo al punto de hacerlo saltar. Con un público que de a ratos emite aullidos, la banda se despide y Chico Ninguno se hace cargo de la escena. Mixturando la electrónica que suele utilizar en sus composiciones con su costado más acústico, Tato Alcaraz (el cerebro de Chico Ninguno) realiza una versión en español de “Place to be”. La guitarra y el cello se encuentran con las programaciones que Paco Salazar dispara desde una computadora y nada desentona.
Después de la psicodelia, el intimismo, la densidad y el grito tribal, llega la esperanza mientras Alcaraz entona: “Cuando era joven, nunca vi la verdad colgando de la puerta; ahora soy más viejo y la veo cara a cara”. Como si después de que nueve músicos entonaran canciones dedicadas a él, Drake se atreviera a salir de detrás del sol y así, por fin dejarse ver.

Web: http://www.degarageweb.com.ar

Agencia NAN (www.agencianan.com.ar)

domingo, 6 de noviembre de 2011

Thes Siniestros y la simple regla de tres



Por Caro Sánchez Iturbe
Foto: Zanarenco

Hay quienes dicen que crecer implica despojarse de todo aquello que sobra y que, por innecesario, molesta. Así, el síndrome de la madurez llega para reconciliar al cuerpo con su desnudez, aliándolo con sus complejidades y llevándolo a mostrarse tal cual es. Y algo así es lo que Thes Siniestros juran que les ocurrió. Después de seis años de actividad ininterrumpida, de haber sido la banda ideal para musicalizar cuanta fiesta frenética hubiera y de haberse convertido en forasteros sin tierra, los últimos días los encuentran sin antifaces, entregados a una versión menos rebuscada de sí mismos, donde simpleza y sinceridad es lo que ahora en verdad vale.
“Es natural lo que nos pasó. Uno cambia. Yo no soy el mismo que cuando empecé a tocar”, escupe Marto (guitarra y voz) a la vez que reflexiona acerca de cómo su banda eligió dar un volantazo y dejar atrás los paseos por las rancheras mexicanas, el rockabilly del que siempre protestó y el rock surf para ahora encontrarse con “Los últimos días”, su tercer disco que, de la mano de la experimentación por nuevos pasajes sonoros, retrata justamente eso: el nuevo período de Thes Siniestros. “Nos da un poco de cosa ver a músicos que una vez que encontraron una fórmula la repiten hasta el hartazgo y sacan un montón de discos iguales. O que se presentan en vivo a los 40 años y se hacen los adolescentes porque no lograron liberarse. El tiempo pasa para todos. No hablamos de volverse viejos, sino de buscar otros caminos”, completa Juan Irio, la voz cantante, además de bajista, de la banda. Y entonces, Marto redondea: “No queremos convertirnos en una banda de covers de nosotros mismos. Hace unos años atrás, Juan me dijo Si dentro de 20 años seguimos tocando “El baile de Jesucristo”, me corto las bolas. Y es verdad”.
Sentados en la trastienda de Ramona Flaver, el local full color, Flav (batería), Marto y Juan, los tres muchachos que fundaron a Thes Siniestros aseguran que la mutación es algo que estuvo presente en la banda desde sus primeros días, cuando acordaron hacer un proyecto que no tuviese definido de ante mano hacia adonde iba a ir, sino que contara con la libertad de buscar nuevos caminos. Es que según Juan “en el arte no se puede dejar de lado la búsqueda. Si elegís un sonido y te quedas ahí, perdes esa magia que tiene la exploración”. Así, después de un “Ritmo Vértigo” que reunió las primeras canciones de la agrupación platense y de los “Campos de Satán” que supo convertirse en un disco conceptual, la llegada del tercer trabajo discográfico necesitaba ese aire renovado que es condición primordial del arte: “Queríamos despojarnos de esos personajes que nos daban las máscaras, queríamos ser un poco más nosotros y no estar tan atados a lo que era la estética Siniestros, que nos vinculaba mucho con México, con el Gauchito Gil, con el rockabilly, que es un género que a nosotros no nos representa. Y en este disco no fue que buscamos no sonar a rockabilly, sino que mostramos lo que estaba haciendo la banda en ese momento y eran estos temas. Para nosotros se dio una liberación y una especie de reivindicación al demostrar que no somos una banda que se pueda encasillar”, explica el cantante.
Aunque desde afuera pueda parecer que los Siniestros cambiaron direccionalmente de rumbo, los músicos juran que para ellos poco hay de eso. “Para nosotros no hay una gran transformación. Fue tan paulatino, tan natural. Los dos discos anteriores nos llevaron a hacer esto. Es parte de un proceso. Por eso, no veo a Los últimos días como un disco de ruptura, es el devenir de la banda”, sintetiza Marto. A su lado, Juan asiente y cuenta cómo en los ensayos el sonido fue encaminándose hacia lo que ellos llaman “psicodelia regional” (“que en verdad es algo sin definición”). Entonces sí puntualiza cuáles son los dos elementos que mutaron: las letras y la forma de cantar. “Ya no se imposta la voz, ya no hay un personaje. Y las letras tienden hacia algo más poético. Ya no contamos la historia del gaucho que baja al infierno, ahora se habla del amor, de la separación, del dolor, de cosas más terrenales”, dice. Otro de los elementos novedosos en la banda es su formación, que hace dos años dejó de ser trío para devenir en un cuarteto de músicos con la incorporación de Dobro, el tecladista, que está desde la grabación de “Campos de Satán” y que obligó a componer diferente.
Y como toda etapa nueva, éste período de Thes Siniestros llega con balance del anterior. Balance del que Juan se hace cargo: “Las máscaras nos dieron la posibilidad de ser tres ignotos haciendo música, pero a su vez nos quitaron más de lo que nos dieron: nos encasillaron y nos limitaron a ser la banda de los enmascarados. Sacarnos las máscaras nos dejó ser más honestos con nosotros. Ya era un peso ser enmascarados”.

MySpace: www.myspace.com/thessiniestros
Para descargar el disco: http://thessiniestros.bandcamp.com/

* Thes Siniestros presentará su nuevo disco el viernes 18/11 a las 20 en el Auditorio del Pasaje Dardo Rocha (50 e/ 6 y 7).

Franceville agenda pocket – Nº 59, octubre de 2011
(siempre es mejor la versión en papel)

sábado, 5 de noviembre de 2011

Salgan al sol!...Revienten!!!


Después de un viernes de diluvio universal, salió el sol y más de 30 artistas locos decidieron festejar que el clima, a veces, es bueno. Va a pasar de todo y todos están invitados. No más, deben llevar un alimento perecedero (algo copado, que ustedes comerían) para que luego donemos todo eso a un comedor comunitario.
Vamos, viejo, que hay sol!


Salgan al sol!
Revienten!!!

Cuco + El Perrodiablo + El resplandor de las luciérnagas + Lemon Pie Cristal + ojo-en-blanco + Mariela Vita + The Dark Flack + unavalerianaporfavor + Casiasesino + Gogogoch + Tata Laxague + Valentino Tettamanti + Chempes + Mariano Zeta + Ana Axat + Luxor + Rodrigo Acra + Manu + Alberto Abeliza + Loco Rabia Editora + Mato + Los Pájaros Papa + Roberto Figueroa + Sarah Brenk + Agustina Amar + Maxi Reptilia + Nicolás Freda + Tik Serigrafía + Anita Lanita + Artemisa + Fen Semillas Libres + Dróseras Plantas + Hummus Sapiens + Voodoo Selector

:: música + teatro + fotos + ilustraciones + historietas + intervenciones + mural + proyecciones + feria + más

Sábado 5/11 – desde las 14 horas
Casa Bosque – 78 nº 1819 e/ 131 y 132
:: entrada: un alimento no perecedero ::

Una casa en el bosque. Un día entero. Hasta caer muertos. Treinta artistas. Música. Teatro. Fotos. Ilustraciones. Historietas. Murales. Intervenciones. Proyecciones. Feria. Y tantos motivos para salir al sol y reventar!

:: artistas invitados

Música en vivo
:: Cuco
:: El Perrodiablo
:: El resplandor de las luciérnagas
:: Tata Laxague

Teatro
:: Lemon Pie Cristal

Intervención
:: ojo-en-blanco
:: Mariela Vita
:: Ana Axat
:: The Dark Flack
:: unavalerianaporfavor

Ilustración
:: Casiasesino
:: Gogogoch
:: Valentino Tettamanti
:: Chempes
:: Mariano Zeta

Mural
:: Luxor
:: Rodrigo Acra
:: Manu

Historieta
:: Alberto Abeliza
:: Loco Rabia Editora
:: Mato

Fotografía
:: Los Pájaros Papa
:: Roberto Figueroa
:: Sarah Brenk
:: Agustina Amar
:: Maxi Reptilia
:: Nicolás Freda

Feria
:: Tik Serigrafía
:: Anita Lanita
:: Artemisa
:: Fen Semillas Libres
:: Dróseras Plantas
:: Hummus Sapiens

Musicalización
:: Voodoo Selector

:: Organizan
Caracol Rojo
http://www.caracolrojo.com.ar
Cronopunk
http://www.cronopunk.com
Beat64 Studio
http://www.beat64.com

martes, 4 de octubre de 2011

Paseando por ciudad Camión



Por Caro Sánchez Iturbe
Foto: Juan Borgoni
Diseño de la nota en la revista: GADE

Él es el lugar donde todo empieza para mí, y sin él apenas sabría quién soy. Nos conocimos antes de que supiéramos hablar, bebés con pañales gateando por la hierba, y antes de cumplir los siete años ya nos habíamos pinchado los dedos con un alfiler y nos habíamos hecho hermanos de sangre para toda la vida”.
“La habitación cerrada”, Paul Auster


“Esta ciudad tiene un montón de huellas de cosas que ya no están, que se ven por momentos. Si prestas atención, está llena de símbolos y de guiños de antes. De vías que en el pasado fueron del tranvía y que ahora las pisas para ir al supermercado de los chinos. Son esas ciudades invisibles que están por todas partes”. Laureana Cardelino, de ahora en más Buki, selecciona imágenes y, deteniéndose en ellas, representa el trabajo de la banda a la que le pone voz, Camión. Como en esos juegos donde está prohibido mencionar la respuesta y sólo se pueden enumerar adjetivos que, como pistas, permitan adivinar cuál es el sustantivo equivalente, Buki no describe a su música a partir de los sonidos, sino a través  de postales imaginarias capaces de encerrar una gran cantidad de detalles pero que, a simple vista, constituyen una única estructura. Y lo de Buki no es arbitrario. Es que, en definitiva, la música de Camión es eso: un paseo por un montón de edificios que, en la vorágine, podrían pasar inadvertidos pero que en el interior resguardan complejidades que los hacen únicos. Complejidades que se traducen en melodías dispuestas a encontrarse con los matices y las sonoridades para abrir camino a una serie de pasajes literarios que se transforman en versos y donde la música es quien en realidad define a los músicos.
Hace poco más de dos años que Camión está en marcha. Y aunque ya sea una banda con recorrido en La Plata, recién ahora editó su primer larga duración, “Ciudades Invisibles”, el disco que reúne a buena parte de esa serie de imágenes simples y detallistas que construye la banda y que fue bautizado de ese modo a partir de una canción homónima. “Ciudades Invisibles fue el último tema que grabamos y terminó dándole nombre al disco porque fue indiscutible”, dice Buki. A su alrededor, Gato Belazaras (bajo), Mauro Cardelino (guitarras) y Mauro Aramburu (batería) asienten a la par que detallan cómo esa canción logró resumir lo que querían contar a pesar de haber surgido casi de una manera espontánea. “Al tema lo habíamos zapado un par de veces en el ensayo y, como estábamos en el proceso de grabación, yo les dije a los chicos que lo grabemos. Después de eso, hicimos una segunda grabación en la que seleccionamos qué iba y qué no y lo fuimos arreglamos. Y entonces ya estaba listo, No tuvimos que buscar mucho la canción, salió”, sostiene Buki, describiendo un proceso que tranquilamente podría funcionar para ejemplificar de qué se trata un momento de inspiración.
Pero no sólo por su cualidad de inspirada es que Ciudades Invisibles se transformó en resumen de las diez canciones que contiene el disco, sino que también por la narrativa que acompaña a esa melodía fresca y que hace honores a la Ciudad de Cristal, de Paul Auster. “En esa novela corta, Paul Auster va por Nueva York haciéndose pasar por él mismo con la tarea de investigar una cosa y, de repente, la ciudad se lo come. Hay un juego muy borgeano, como de un ajedrez, un mapa de la ciudad por donde él tiene que ir buscando pistas, pero el tipo se pierde y no sabe ni quién es. Mira y no ve lo que antes veía. Eso estuvo funcionando en la elaboración de la idea o de la imagen de la canción. Así, la letra termina diciendo desde el aire todo tiene raíz, que es como un desprenderse, un ir caminando y tener una visión así”, asegura Buki. Entonces todo vuelve al principio, a esa ciudad llena de huellas, de símbolos y de guiños que en Camión funcionan como las pistas que Paul Auster atravesaba en Nueva York y que no hacen más que llevar directo a un camino de recovecos con nuevas perspectivas desde las cuales observar.
En busca de esas nuevas perspectivas es que Camión emprendió la profundización del lenguaje de la banda, limpiándolo de todo lo que sobrara y dejando en él lo único que realmente importa: la hermandad de sangre con la obra. “Estamos re pendientes que sea una cosa natural y fluida, preocupada por la música y por la letra, por el qué decir. No me copa el que se para y dice cualquier cosa. Yo puedo decir cualquier cosa, pero por lo menos me ocupo de que lo que diga sea eso y no otra cosa. Letra y música tienen el mismo mecanismo: simple, directa y con un vuelo desde lo sencillo, como cuando con dos o tres palabras te dejan tecleando”, explica Buki y pronto uno de sus compañeros la sigue: “Se trata de una simpleza que llega más de la manera de hacer. Los temas no son armónicamente complejos, son re cuadrados, por donde los mires es lo mismo, pero nos preocupamos por buscar la belleza desde otro lugar”, dice Mauro Cardelino, a quien Buki, señala como “la parte experimental del sonido”.
Ahora, luego de más de un año de preparación, las Ciudades Invisibles de Camión están listas. En la tapa del disco, la imagen es explícita: un edificio que posee varias docenas de ventanas en apariencia idénticas pero llenas detalles distintivos. La imagen de, como diría Buki, “una ciudad que pueda ser cualquier lugar” pero que en verdad es ésa ciudad en la que, al prestar atención, se alojan pistas como en una canción de Camión.

MySpace: http://www.myspace.com/camioncamion

Franceville agenda pocket – Nº 58, septiembre de 2011
(siempre es mejor la versión en papel)

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Háblame del cielo


En 1998, Míster América lanzó Despojado, su segundo disco. Y con él, sentó las bases de la plataforma de lanzamiento hacia el universo paralelo, el paraíso para nadie, que con los años creó y que hoy es responsable de haber transformado a ese grupo de músicos en banda de culto. Gustavo Astarita, Martín E. Graziano, Alfredo Calvelo y Patricia Ríos reconstruyen ese trayecto hacia el más allá.

Por Carolina Sánchez Iturbe

Banda de culto. Ése es el adjetivo con el que se elige describir a Míster América desde hace tiempo (incluso cuando aún la banda estaba en actividad). ¿Qué convierte a un grupo de artistas en objeto de adoración? Imposible de contestar sin abordar su obra, estando dispuesto a mirarla de cerca y a encerrarse en un universo paralelo y único creado por y para ellos.
Y eso es lo que supo hacer Míster América: establecer un submundo en lo que lo conceptual lo era todo. Así, en 1998, la banda lanzó Despojado, el disco que funcionaría como introducción de esa narración en la que, finalmente, se transformaría la banda. “Después de Con el agua al cuello, disco que reunía canciones que Mr. A había compuesto desde su comienzo en 1989, Despojado comienza a ser pensado  como una obra conceptual que desarrollara un relato que debía ser leído como un gran tema en el que las canciones se fueran enganchando representadas por un hombre-show, como si todas fuesen una. Este fue un relato prediseñado que debía empezar y desarrollarse hasta el último disco que sacara el grupo. De hecho, Insano, Rebelde y Superación completaron esa saga de estados del ser”, explica Gustavo Astarita, quien solía poner su voz, cuerpo e ideas volcadas en papel al proyecto de Míster América.
Así, a partir de ese momento, el rumbo de la banda que por entonces Astarita compartía con Pilu Pontano, Horacio Nuñez, Federico Jaureguiberry, Lisandro Basta y Fabián Andrade se modificó, eyectándose hacia ese espacio remoto en el que se alojó durante los siguientes diez años y que fue el responsable de atraer fieles. Quizás por eso es que el periodista Martín E. Graziano no duda en asegurar que esa producción discográfica, Despojado, fue “el último disco de Míster América como banda terrenal” pues “uno todavía puede imaginarlos comiendo un asado o algo así. Es verdad, un asado con cierta sofisticación, pero en definitiva una comida para mortales”.
“Para 1998, Míster América todavía era una banda de rock. Una banda excelente y súper inspirada, pero todavía ubicable en el contexto de una escena nacional. Recordemos que son los últimos coletazos del Nuevo Rock Argentino (Los Brujos ya separados, los Gorriones camino a un disco decepcionante y su propia implosión, los Babasónicos pre-Jéssico): y estamos en plena escalada de eso que vagamente fue denominado rock barrial, que ya empezaba a ganar una estatura elefantiásica. Después, a medida que el país se iba cayendo a pedazos y el rock enfilaba hacia su propio iceberg, Míster América se fue a vivir a su paraíso para nadie. Un exilio interno hacia la surrealidad total, hacia ese mundo que los tipos habían poblado hasta entonces y cuya primera parada es Insano (y la última antes del vacío disolutorio, Superación)”, analiza Graziano.
Es que Despojado fue la línea de largada hacia ese planeta desconocido aún no explorado que describe Martín y, como todo inicio de trayecto, necesitaba de una primera etapa introspectiva.  “Despojado significa desnudarse del ego para enfocar la mirada al autoconocimiento”, dispara Astarita.

Del escenario directo a su reproductor de música (y viceversa)

La promoción de Despojado duró más de lo que habitualmente suele dedicarse a la presentación en sociedad de cualquier LP. Es que el disco, según consigna Astarita, fue creado como “una especie de obra teatral” que empezaba con Tanta Charla, canción destinada a “llamar la atención de los concurrentes al espectáculo para que estén en silencio pues la obra (todo el disco) no se iba a detener hasta llegar al final. La falta de silencios entre la mayoría de los temas, así, eran para evitar ser interrumpidos por aplausos”.
Al mismo tiempo, esa obra teatral fue diseñada para ser llevada a escena en La Fabriquera, donde Patricia Ríos, Laura Valencia y el Pollo Canevaro, los responsables del lugar, ponían sus energías a disposición de la banda y su público. De esa manera, la serie de recitales en torno a Despojado se sucedió mes a mes durante dos años seguidos, atrayendo “a los más diversos espectadores” y siendo “el comienzo de la introspección y el casi ostracismo del grupo en su ciudad”, recuerda Gustavo.
“Los shows siempre tuvieron algo de hipnóticos, la gente acompañaba apasionadamente, y la verdad es que la banda entregaba todo con temas inolvidables y que siempre tenían un efecto de encantamiento, como Esclavo”, recuerda Patricia Ríos para luego describir cómo La Fabriquera, con los años, terminó sintiéndose merecedora de ese mote de “también despojada” con el que la mencionaba Míster América en el booklet del disco: “Creo que fuimos partícipes porque eran jornadas de todo el día. Gustavo llegaba con alguna idea de puesta (él siempre pensaba en el espacio), Laura contribuía, armaba, ponía luces. Y así, se dedicaba todo el día hasta que quedábamos conformes con el resultado”.
Esa concepción de Despojado como obra teatral y su consiguiente sucesión de presentaciones, derivó finalmente en un disco que estuvo cerrado mucho antes de ser editado. Por ello, Alfredo Calvelo, quien estuvo a cargo de la grabación, la masterización y la producción artística del LP, recuerda lo sencillo que resultó el registro: “Los shows de la Fabriquera sirvieron como la mejor preproducción que podíamos haber imaginado para el disco. De hecho a tal punto llegamos con las cosas resueltas a la hora de la grabación, que los temas en la sesión se tocaron en el mismo orden que luego salieron editados”.

Dieciséis despojadas canciones

A fines de los ’90 y en sólo 40 minutos, la banda comandada por Gustavo Astarita logró un segundo registro discográfico capaz de transportar al escucha a medida que las dieciséis canciones se suceden. En ese sentido, Calvelo asegura que esa sensación de encontrarse ante una plataforma de lanzamiento hacia otro lugar no es casual. “Todos los temas de Despojado formaban una obra cerrada y resuelta en si misma, pero además se potenciaban en forma terrible a medida que los escuchábamos encadenados”, dice para luego destacar que el arte de tapa tampoco huyó de la responsabilidad que le requería la aventura de realizar semejante LP: “Se eligió la austeridad  del blanco y negro como base. Así, la primera edición estuvo hecha de una cuerina blanca muy llamativa y elegante a manera de libro que contenía el booklet. Una vez más, fue uno de los primeros discos en salirse del formato tradicional de las cajitas transparentes que parecían obligatorias en la época”.
Lo cierto es que en aquellas 16 canciones para ser escuchadas de un tirón, los sonidos -en los que abunda la experimentación de los músicos con sus instrumentos y de la técnica con los recursos de la época, como bien dice Calvelo- se transformaron en los compañeros perfectos para una poética dispuesta a perderse en los recovecos que encierra el cuerpo humano.
“La poesía de Despojado y de los subsiguientes discos partió de un pequeño cuaderno a modo de diario en el que anotaba pensamientos y reflexiones acerca de la vida, escrito  mayoritariamente mientras manejaba el auto”, dice Astarita, el responsable de las letras, para pronto ahondar en los motivos que encerraban sus canciones: “El concepto lírico y filosófico del que escribe Mr. A. es inspirado por lo único cierto que tiene esta vida: la muerte. Así, entre vida y muerte sólo encontramos un punto al que dirigirse a hablar y éste es El Dios. De ese modo, Esclavo o En dos son rezos a la divinidad que se repiten en discos siguientes. Por otra parte, Despojado no habla de relaciones entre humanos, es más bien un soliloquio acerca del dualismo que divide al ser: el placer y el dolor. Y ésta es la temática de todas las canciones de Mr.A. Por eso, éste es un disco místico, cargado de símbolos acerca de lo que significa la existencia en esta vida humana”.
Martín E. Graziano, por su parte, durante los últimos años ha analizado en repetidas oportunidades el sendero construido por Míster América. Por ello, no es casual que haya percibido en Despojado ese dualismo del ser del que habla Astarita, atreviéndose a calificarlo como un rasgo que coquetea con lo esquizoide. “Despojado es un disco asimétrico. En ese sentido me hace acordar al Durazno sangrando de Invisible, pero incluso más esquizofrénico. Hay una tensión que dura todo el disco y nunca se termina de resolver: a cada balada acústica y metafísica le corresponde un rock a go-gó medio salvaje y su pasaje ambient. Es un registro lleno de humor y sobresaltos (eso ya no va a pasar en los discos de Míster América, que va camino a transformarse en una especie de Maestro Yoda), donde Astarita canta como electrocutado por el universo freudiano: acá estoy super yo / con un cajón en la cabeza... ¡que buen verso!”, dice Graziano.

Hacer la América

Banda de culto. Eso es lo que Míster América es. Sucede que el proyecto de Astarita alcanzó la meca en el mundillo rock, que consiste en una fórmula sencilla pero compleja de resolver. A saber: convertirse en referencia de su tiempo y espacio de producción (atravesándolo y logrando ser, aún una década después, adelantado a la época que corre); transformarse en influencia para una decena de músicos que intentan atravesar su mismo trayecto; continuar ganando nuevos adeptos aunque la banda haya sido disuelta; y ser parte del mito de una ciudad llena de mitos.
“Míster América pensaba el rock en un contexto cultural alternativo. No casualmente hay un cameo de Escher (soy una mosca que ha muerto aplastada por la caída del cuadro de Escher), un artista tan caro al imaginario contracultural argentino. Desde hace muchos años, esa forma de entender al rock cayó en desuso. Por mil razones, pero sobre todo porque se convirtió en un producto. Porque se cerró sobre sí mismo y hoy los pibes que hacen rock sólo escuchan rock, sólo tocan rock, sólo leen rock, sólo miran rock. Eso genera una música asfixiada, quemada de refritos. Por suerte, con su multidisciplinariedad y amateurismo, La Plata es poco una trinchera. Como nadie vive de la música (sino para la música), se generan propuestas ajenas a las presiones comerciales, sin cable a tierra. Cocina gourmet para sibaritas -como nosotros, si-, que abandona desde los vestuarios la posibilidad de articular eso que se llama inconsciente colectivo”, analiza Graziano con respecto al lugar que Míster América se supo ganar.
Astarita sabe de ese lugar en el que hoy reposa la banda que desde 2008 entró en descanso. Pero también sabe que nada es casual y que el respeto por su trabajo está íntimamente asociado con el modo de elaboración: “La obra de Mr.A  fue desde el comienzo pensada como un todo y esto se debe a la intencionalidad de la búsqueda de la Obra de Arte en contraposición con el concepto menor de Entretenimiento. La obra de arte es imperecedera y no importa el individuo que la busca sino el camino que buscó, es la acción, es el cómo y no el quién. Es esta acción la que inspira a las generaciones siguientes y aquí está la respuesta a la pregunta ¿Por qué crees que suele decirse que Míster América influenció fuertemente a la cultura platense? Me gustaría pensar que es esta acción de mantenerse oculto buscando la verdadera obra de arte, aquella que nos une a lo divino, la que inspira al resto. Pues cuando uno descubre en una obra símbolos universales, se encuentra a sí mismo”.
Y si se habla de bandas que avanzan por el universo paralelo que Míster América construyó, ni Martín E. Graziano ni Gustavo Astarita dudan en mencionar a la que consideran la gran promesa: normA. Así, mientras Martín asegura que se trata de “una propuesta absolutamente acabada, tanto musical como visual y discursivamente, con su propio sistema de valoraciones y un espíritu crítico inquebrantable tan caro a la ciudad masónica que Astarita llamó su Principado”, Gustavo sostiene que la agrupación de Chivas Argüello, Gualberto de Orta, Pablo Coscarelli y Richard Baldoni tiene “una lírica comprometida  con la búsqueda de la Obra de Arte, aquella que atraviesa el tiempo”.
Y quizás con los años, quién sabe, sea normA la nueva banda de culto de la ciudad. Por ahora, Míster América demuestra que ése es un lugar al que sólo se ingresa despojándose de uno mismo en pos de algo superior, eligiendo, como señala Astarita, “un camino libre de ideas de fama y trascendencia personal, ajeno al rumbo de la mayoría de los grupos y en el que lo importante sea crear un propio mundo, lleno de símbolos a descubrir en el tiempo, sólo para La Plata, un paraíso propio, un paraíso para nadie…”.

Más sobre Míster América: www.misteramerica.com.ar

De Garage – Agosto de 2011
(siempre es mejor la versión en papel)

Y sí seguís explorando? (si total, no nos vamos a dormir...)

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