lunes, 16 de marzo de 2009

lunes, 9 de marzo de 2009

Desbaratan Banda


Desbaratan Banda se presentó en el Centro de Cultura y Comunicación de La Plata. Durante dos horas, trasladó al público a las costas jamaiquinas. Un viaje que se emprendió con versiones de Skatalites y Lynn Taitt & The Comets y con melodías compuestas por estos músicos de Berisso.

Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotografía de Daniel Ayala (http://www.flickr.com/photos/danpeople)

Saltar, bailar y ser feliz. Esas son las consignas que priman cuando, el sábado 28 de febrero, Desbaratan Banda se presenta en el Centro de Cultura y Comunicación de La Plata, una casa antigua y refaccionada por un grupo cultural que no sólo hay arabescos de colores en las paredes húmedas, sino que también hay un estudio de radio y un pequeño bar.
Aunque el show estaba anunciado para las 11 de la noche, como ya es costumbre en la escena local, el recital se realiza más tarde. A esa hora, recién se empiezan a acomodar los instrumentos en el rincón de una habitación que hará de escenario. La prueba de sonido implica casi sesenta minutos de retraso, pero nadie se queja. El calor húmedo que anuncia la cercanía de la lluvia, se apodera de la ciudad y la gente prefiere sentarse en la vereda oscura de calle 42 a reencontrarse con viejos amigos y esperar.
La paciencia tiene su recompensa. Desbaratan Banda inicia el espectáculo con una enérgica versión de “Storm Warning” de Lynn Taitt & The Comets. A partir de entonces, nadie se detiene. Los cuatro vientos de esta banda de Berisso de nombre más que efectivo, se apoderan de las 50 piernas y caderas que asistieron al show y las obligan a sacudirse, dejando que rueden por el piso de madera todas las preocupaciones que puedan existir.
Un pequeño entretiempo, promediando la mitad del recital, permite que los músicos y los espectadores/bailarines descansen. Todos intentan apaciguar el efecto del clima tropical jamaiquino en sus cuerpos con una cerveza que, aunque se vende fría, se calienta demasiado rápido.
Después, el show se reinicia con la melodía de “Tan Skabroso”, que invita otra vez a bailar sin timidez en ese cuarto a prueba de claustrofóbicos. Desbaratan Banda casi no deja lugar al silencio y los aplausos tapan las primeras notas de cada canción.
Cuando Desbaratan anuncia que está llegando el final del recital, la gente ya está en trance. Los gritos de aliento retumban en las paredes y obligan a la banda a interpretar un cover de Skatalites como bis. La sangre sigue hirviendo, y mientras un chico del público levanta los brazos al cielo y sacude la cabeza con los ojos cerrados, llega la segunda canción de ese tiempo prolongado.
“Nos quedamos sin temas, no podemos tocar más”, se excusa Manuel Santa María, el guitarrista líder de la banda. Pero el público no da tregua y pide improvisación. Desbaratan cumple y la gente festeja, bailando en el lugar con los brazos, las piernas y el cuerpo entero.
Dos horas después del inicio del recital, los seis músicos de Desbaratan Banda se despiden, caminan entre su público que los aplaude como si se trataran de una leyenda y, con la ropa humedecida de transpiración, abandonan ese cuarto en el que pareció haber un incendio. La gente se retira despacio, como olvidándose de algo, y otra vez se apropia de la vereda, pero ahora lo hace para esperar el día en que regrese la fiesta.

viernes, 6 de marzo de 2009

Grupo Escombros: “El arte es la posibilidad de expandir la conciencia colectiva”


En 1988, como producto de la caída de una dictadura militar que secuestró, torturó y asesinó a varios de sus amigos y compañeros, cinco artistas y periodistas platenses formaron el Grupo Escombros, un colectivo unificado por el concepto del arte como herramienta de crítica y denuncia social, y encaminado por una premisa clara: “Cuando la obra de arte expresa la realidad de una sociedad, no hay indiferencia posible”. El grupo ya cumplió la mayoría de edad, entre intervenciones callejeras y participaciones culturales, y aunque consideren que el cambio es ahora más difícil, siguen luchando, casi a sus 60 años, por acercar la creación artística a las calles. Hasta que un día, “cuando todo mejore”, puedan dejar de llamarse Escombros y, simplemente, ser almas libres como todas las demás, en una democracia real y no “ficticia”.

Por Carolina Sánchez Iturbe desde La Plata
Fotografía de Daniel Ayala para Agencia NAN (http://www.flickr.com/photos/danpeople)

La Plata, marzo 5 (Agencia NAN-2009).‑ Luis Pazos camina encorvado, como si cargara en sus espaldas el peso de las cosas. De cuerpo pequeño y paso lento, exhibe una sonrisa plena mientras entra, silenciosamente, en una de las grisáceas oficinas de la redacción del diario El Día. Esa sonrisa se vuelve carta de presentación durante buena parte de la entrevista y sólo se interrumpe cuando el recuerdo de la última dictadura regresa a su memoria. “¿En qué puedo ayudar?”, es lo primero que pregunta. Y después sobreviene el silencio. En la diagonal 80 de La Plata, a pesar de estar muy cerca del bullicio de la estación de trenes, los autos parecen detenerse; el sonido del reggaetón que disparan los parlantes de las casas de música por fin se calla y en esa redacción ya no suena teléfono alguno. Entonces, Luis invita a avanzar, propone iniciar el recorrido y, finalmente, promete pureza. Es la mirada del artista la que espera la seguidilla de preguntas, la que invita a la charla sincera.
Luis Pazos es poeta y periodista y, por lo tanto, el encargado de escribir los textos que acompañan a las obras de arte de Escombros, un grupo de artistas platenses provenientes de diferentes disciplinas que se popularizó luego de realizar muestras callejeras cargadas de ironía. Según él, el surgimiento del colectivo artístico, en 1988, fue producto de una catarsis provocada tras la caída de la última dictadura en Argentina, esos oscuros años que se encargaron de torturar, desaparecer y asesinar a varios de sus amigos.
El por qué de Escombros quedó claro desde la génesis del grupo: su arte estaría destinado a criticar, a provocar la reflexión. Es que para el poeta platense, “el arte es la posibilidad de expandir la conciencia colectiva”, por lo que “toda obra de arte debe reflejar la realidad social que se está viviendo en el lugar donde se desarrolla, desde una actitud crítica”. Esta concepción formó parte de una estrategia, además de ser una declaración de principios. “Es que cuando la obra de arte expresa la realidad que vive la sociedad en la que se desarrolla, no hay indiferencia posible”, sentencia Pazos.
Llegó la primera muestra, montada bajo la autopista en Paseo Colón y Cochabamba, San Telmo, en la que fotografías tomadas por ellos recrearon la persecución a la que fueron sometidos durante la dictadura. En las exposiciones que siguieron, la pobreza, la desigualdad, el hambre y la corrupción fueron los temas que se erigieron como espina dorsal. Cuando nadie se atrevía a señalar las carencias que la naciente democracia mostraba, Horacio D'Alessandro, David Edward, Luis Pazos, Héctor Puppo y Juan Carlos Romero -los por entonces integrantes del grupo- se reunieron y decidieron que era momento de ir un poco más allá y hablar de lo que veían: “Decidimos correr el riesgo de parecer antidemocráticos porque estábamos cuestionando la democracia. Pero llegamos a coincidir en que ésa no era una democracia real, sino una retórica y que era necesario cuestionarla para que se desprendiera de su máscara”, recuerda.
Durante sus primeros tiempos, otra de las decisiones que tomó el grupo fue que su lugar de intervención fuera la calle. Las plazas, las cavas y los recovecos debajo de una autopista harían de salas en las que sus murales, instalaciones, objetos y poemas serían exhibidos. “Decidimos ir a la calle para llegar a la gente que no tiene nada que ver con el arte, al nuevo espectador, al transeúnte. La calle te obliga a ser efímero porque el arte en la calle es fugaz”. Así, la creación de obras efímeras fue otra de las elecciones de estos hombres que, muy cerca de los 60 años, siguen siendo parte de la vanguardia artística de La Plata.
La idea de lo transitorio, dice Luis, vino acompañada del deseo de resignificar el espacio público. Al periodista le divierte pensar en la destrucción de lo material. Contrariamente a lo que podría suponerse -a la concepción de la obra como creación/hija del artista-, Pazos sonríe con aire de satisfacción cuando habla del tema y regresa esa mirada brillosa, profunda, que juguetea al ritmo de sus palabras. Lo perecedero no sólo sucede porque la naturaleza actúa rápidamente. El poeta explica que su razón de ser está en una eternidad que no existe, que es puro reflejo. “Unamuno diría que tenemos un sentimiento trágico de la vida”.
Ése sentido trágico, o quizás realista, se plasma cuando la mirada de Luis, algo resignada, afirma que hoy no hay posibilidad de cambio. Que a pesar de sus deseos, y los de todo el grupo, no hay posibilidad de cambio. “Hubo un arreglo con los chicos, nos dijimos que cuando todo mejorara, el grupo no se llamaría más Escombros. No pudimos hacerlo”. Esa quietud del estado de cosas es la misma que podría representarse en una obra que se llamaría “Lo roto boludo”. Es que para Pazos estamos dañados. “Mientras haya pobreza, desnutrición infantil, educación a la deriva, hospitales colapsados, algo está roto”.
La misma ruptura es la que el poeta siente en las artes plásticas, que se volcaron hacia lo abstracto, dejando de lado la concepción social “que en algún momento pareció tener”. Todo se explica porque “los galeristas no tienen ganas de arriesgarse y el público tampoco”. Y esto repercute en la producción artística. Para este hombre de cuerpo pequeño, parece tratarse de una ecuación simple: la preocupación generalizada por el valor que tendrá la obra de arte en el futuro es la que manda. Asegura que si un galerista presenta un Berni, sabe que cotizará; certeza que se desdibuja con los panes rodeados de alambres de púa oxidados que exhibió Escombros.
A pesar de ese deseo de “cotización del arte”, a Escombros no le fue mal en los museos. De hecho, el reconocimiento oficial les llegó luego de que montaron una muestra en la galería Arcimboldo, en Capital Federal. Todavía persisten en Luis las dudas acerca de si esa experiencia fue buena para su arte. “Me acuerdo de una charla que dio un grupo de izquierda, a la que asistí, y en la que la crítica se refirió a nosotros como un tigre con los dientes desafilados”. A pesar de que no le agrada el resultado de aquel reconocimiento, Pazos recuerda la experiencia con una sonrisa. Quizás eso se deba al contraste que esa condena produce cuando es relatada segundos después de que Luis no dude en afirmar que tiene una actitud anarquista hacia la democracia, pensamiento relacionado con la idea sobre el sufragio: “Un voto es un cheque en blanco y los representantes que Argentina tiene hoy no merecen un cheque en blanco”, equipara y fundamenta.
Ese anarquismo se traduce en las producciones del grupo, que no son firmadas individualmente porque “son el producto de lo colectivo”. “En las obras de Escombros se cocina un mundillo donde alguien tira una propuesta y así empieza a evolucionar”. Como sucedió con la serie Objeto inaccesible, en la que diez panes fueron intervenidos con alambres, sogas, aerosoles y telas; y que surgió luego de que Luis rescató un graffiti del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo, que aseguraba que “el hambre es un crimen”.
Todo responde a una misma lógica. Escombros -al igual que este poeta y periodista que jura ser muchos hombres-, es un acopio de ideas, de concepciones acerca de la sociedad, la política y, por supuesto, el arte. Según Pazos, esa lógica define a la obra del grupo: “Escombros son metáforas visuales” que se construyen sostenidas no sólo en la representación plástica de aquello que desean contar, sino también en los textos que completan al trabajo. Ese valor que tiene la palabra en Escombros “es voluntario” porque lo de ellos es el arte conceptual, donde “la forma está al servicio del contenido y toda obra de arte, sea la que sea, tiene que encerrar un concepto”. La retroalimentación de contenido-obra se motoriza a través del rol que, para Pazos, cumple el arte en la sociedad: “Debe señalar, plantear el problema, ser una manera de intervenir y, además, puede llegar a modificar conciencias, aunque no masivamente”.
Pazos no se agota en la hora y media de entrevista. Por el contrario, sus manos rugosas acarician la mesa y su mirada no duda en invitar a que el juego continúe, mientras asegura que está dispuesto a hablar de sus aciertos y errores por igual. Por último, se responsabiliza por lo que considera una obligación: pedir que nadie se rinda. Entonces, otra vez, llega esa sonrisa prometedora. La misma que clausura todo posible guiño de falta de autenticidad en su relato.


jueves, 26 de febrero de 2009

Curvas


Mientras miraba a aquella mujer recostada en su regazo pensaba “¿cómo no perder el control?... por fin la encontré”

En esta foto: Kubilai Medina, Mostruo! - Tolosa Fest. Galpón de Tolosa. 21/02/09.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Mostruo! en el Tolosa Fest


Durante la primera versión del Tolosa Fest, Mostruo! se encargó de cerrar la fecha. La banda comandada por Kubilai Medina recorrió durante una hora y media las canciones de “Grosso” y de “La Nueva Gran Cosa”, dejando al público, sin embargo, con salvajes deseos de más.

Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotografías de Daniel Ayala (http://www.flickr.com/photos/danpeople)

Ni la llovizna insistentemente insoportable, ni el barro que se junta en los alrededores del Galpón de Tolosa, ese taller ferroviario que hace un año fue recuperado por un grupo autogestionado de estudiantes, artistas y vecinos para luego ser donado al arte en La Plata, logran impedir que el Tolosa Fest Versión 1.0 se lleve a cabo.
Si bien el horario estipulado para que Mostruo! cierre la fecha, se corre, junto con el escenario que es trasladado desde el patio de las inmediaciones hasta el interior del tinglado, las 200 personas del público encuentran entretenimiento para amenguar la espera: una mesa llena de tortas y tartas, que recuerda a las kermesses improvisadas en los patios de las escuelas, deleita a quienes, mientras miran las fotos que Laura Ve, The Dark Flack y Xava exponen en las paredes derruidas del salón, esperan el ansiado inicio del recital.
El entretenimiento sigue cuando detrás de un payaso, que anima la fiesta y promete sortear libros, cd’s y cenas, Trilce prueba sonido. Una melodía que rememora al blues de Manal se apodera del galpón. Mientras, los espectadores se acercan al escenario que, en verdad, se parece más a una tarima. Luego de un show que durante de más de una hora logró hacer que centenares de piernas se agitaran al ritmo de la música, el payaso vuelve y treinta minutos después les deja el lugar a 107 Faunos.
Demasiado ruido. 107 Faunos está compuesta por seis personas deliberadamente decididas a sonar fuerte, tanto que por momentos confunde y molesta. Sin embargo, el público sigue esperando, entre cervezas servidas en la barra del Galpón y artesanías dispuestas sobre mesas y paños en los costados del tinglado, que Kubilai Medina suba al escenario y, como un monstruo, dé cátedra de canto.
Cerca de las 10 de la noche, la espera por fin termina. Lucas Finocchi toca los primeros acordes de “La Polilla”, acompañado por el bajo más que efectivo de Federico Mutinelli y la batería relojito de Lucas Mutinelli. La voz de Kubilai envuelve a los cuerpos sudorosos por la humedad platense, que bailan y festejan sonrientes el inicio del show.
El momento de mayor esplendor llega de la mano de “El Control”, cuando la voz cantante de Mostruo no teme en gritar a pensar en vos y no en los demás, mientras el seño se frunce permitiendo creer que Medina perdió el control de su vida otra vez. El clima intimista continúa de la mano de una mujer, un cielo azul, un casi voy, un ya no estoy, un te olvidé que sucedieron en “Pinamar”. Pero todo vuelve enardecerse cuando aparece “Ese oso” que no quiere dormir.
El recital termina pero la gente sigue expectante. No hay lugar ni tiempo para bises. La esperanza es el Tolosa Fest Versión 2.0, que ya tiene confirmada la presencia de Él mató a un policía motorizado, Señor Tomate y La Patrulla Espacial. Aunque muy levemente, la música que pasan Paul Henta, Sismo y Black Uman consigue apaciguar las ansias de seguir rockanroleándola. Muchos de los hasta entonces espectadores se retiran del Galpón con ese deseo de que la fiesta continúe. Con esa ferocidad en la sangre que sólo Mostruo puede generar.

www.vuenoz.com

domingo, 8 de febrero de 2009

El silencio


Entre teléfonos, la mujer perdió la cabeza. Todo a la espera de esa llamada…

miércoles, 7 de enero de 2009

Retazos


Cuando no quede nada, la sal, esa que ahora nos corroe, será la salvadora…

Y sí seguís explorando? (si total, no nos vamos a dormir...)

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